AGUA, EL NUEVO ORO
MEXICANO
Samuel Pérez García
Cuando los españoles nos
conquistaron no venían a saludarnos ni para saber cómo vivíamos. Llegaron por
el oro y la plata que para ellos ya era moneda de cambio, pues vivíamos en la
mentada economía mercantilista. Tener oro en lingotes, era lo mismo o superior
a lo que el señor feudal lo distinguía: sus grandes posesiones, las cuales
explotaba con la mano de obra sierva. En toda la vieja américa la minería fue
una de las economías que distinguieron a los nuevos países en formación.
Pero nunca el agua. Ésta
como elemento vital para el género animal, vegetal y humano no tenía esa
importancia que hoy tiene. Por donde quieran que pasaran los viejos
conquistadores encontraban agua, abundante pescado y todo lo que aquel elemento
hídrico podía generar.
Pero nació la industria
con sus revoluciones tecnológicas, unos siglos después, y el agua contaminada
fue siendo una de las consecuencias más inmediatas, sumados al mal aire, a la
salud de la gente. Ahí donde una industria se establecía, comenzaban los
problemas al ambiente: aire, agua, vida animal y vegetal.
Si bien a la sociedad de
nuestro tiempo, la industria le produjo un alivio temporal porque ofrecía
trabajo a los obreros, eso no resolvía
las necesidades a largo plazo que esta nueva clase social exigía para vivir
bien. Así comenzó la lucha entre obreros y capitalistas, cada uno peleando su
propia parcela en el proceso de producción hoy vigente.
Los obreros asalariados,
preocupados por su modo de vida, y vacíos de una concepción que les
esclareciera su situación existencial en esa etapa, pudieron preocuparse apenas
por pedir, como una especie de favor, que los patrones o su gobierno, los
ayudaran a superar tantas penas sufribles: hacinamiento, insalubridad, exigua
paga y muchas horas de trabajo (18 horas para los primeros obreros). Los
capitalistas, por supuesto, aliándose al gobierno para evitar que aquellos los
despojaran de su ganancia absoluta.
Hasta que apareció en el
siglo XIX el adalid de la clase obrera, quien en su Manifiesto del Partido
Comunista y en su obra máxima El capital, explicó con claridad meridiana,
cuáles eran realmente las causas del porqué de tanto sufrimiento de los obreros
modernos. El quid no estaba en su apatía o indolencia, o su creencia en un Dios
misericordioso, sino en la injusta distribución de la plusvalía. El patrón, al
convertir en dinero la mercancía producida, repartía el costo del producto en
tres partes: un tercio era para recuperar la inversión de la maquinaria y la
materia prima, otra para salarios, mediante el cual el obrero se podría reproducir como obrero, y una
tercera, la plusvalía, que era la ganancia del inversor capitalista, y con la
cual se quedaba para sí solo. Es decir, mientras que éste ganaba, el otro
perdía. Al esclarecerse eso, la lucha ya no fue contra las máquinas, que
desplazaban a los obreros de su fuente de trabajo, sino contra los propios
capitalistas, quienes bañaron en sangre a quienes se atrevieron a desafiarlos.
En estas luchas que tanto se distinguió el siglo XIX y XX, el agua nunca
apareció como demanda fundamental de la clase obrera.
Ni tampoco para los
propios capitalistas, pues el agua era abundante. A nadie se le ocurrió que
siglos después, el agua sería una de las mercancías más preciadas. En efecto,
hoy el agua ya no es una simple fuerza productiva que la naturaleza ofrece.
Ahora el agua es una mercancía como cualquier otra. Y al serlo así, juega su
papel en el mercado, entra a ser parte de la oferta y la demanda, según sea su
abundancia o su escasez, según sea su necesidad y su uso. Además, su precio no
baja como otras mercancías, al contrario va subiendo como la espuma. Esto se
debe a que es una mercancía con ciertas cualidades que no tienen otras: expresa
la vida misma, lo que ninguna otra puede
tener de cualidad. He ahí su valor agregado, independientemente de su
embotellamiento o entubamiento, o el uso industrial que se le dé.
Al expresar la vida misma, el agua tiene un
valor y si le agregas un proceso de trabajo, pues incrementa ese valor.
Hoy, ese producto ha
venido encareciéndose no tanto por su valor agregado o por el uso que se le dé,
sino debido a su escasez. Agua significa vida, pero este elemento, debido al
proceso de industrialización de los países y al propio calentamiento global
(consecuencia esta de la industrialización, aumento de la población y
deforestación) ha venido menguando en sus vertederos naturales, lo cual hace
que para tenerla disponible requiera mayor inversión para traerla a los
domicilios caseros o industriales, lo que exige elevar su costo ante el
usuario.
No sólo eso, sino que los
nuevos procesos de extracción de materia prima para la industria, el famoso gas
shale, que quieren conseguir del subsuelo profundo, requiere para extraerlo
abundante agua, por lo que, los gobiernos de cada país, representantes directos
de la clase industrial imperialista, han propuesto, tal es el caso México,
reformar sus leyes para que el agua sea privatizada, es decir, para que
cualquiera que necesite agua, sea para el uso que fuera, pueda tener acceso con
ello, si cumple con algún contrato de inversión. Y no importa si al usarla
contamine los mantos freáticos, lo que importa es que pueda extraerse el gas, y
éste, a su vez, juegue su papel en la industria como generador de energía y
calor. He aquí entonces la preocupación del gobierno mexicano para iniciar la
privatización del agua. Por eso su iniciativa legal que ha promovido en el
Congreso Federal. Dar comienzo a privatizar el agua, que no será solo para uso
industrial, sino que el agua usada para consumo humano, hoy en manos de
organismos gubernamentales, pasará a ser veta de ganancia fija para quienes se
apoderen de las actuales Centros Estatales y Municipales de Agua y Saneamiento.
Bajo la estrategia de un uso industrial, tendrán con la ley que aprueben los
congresistas, la posibilidad de que los inversionistas nacionales y extranjeros
nos cobren el agua, no a precio normal, sino en oro. De tal modo, que si ya
tenemos a un Carlos Slim que se hizo rico con Teléfonos de México, mañana
tendremos a otro tipo igual o peor, que se haga multimillonario gracias al agua
que consumamos. ¿será posible? Sí, en México todo se puede, si se pudo crear el
mito de la aparición de la virgen de Guadalupe, cómo no se podrá con el agua
hacer una minita de oro. Por eso Morena va contra esa ley privatizadora.

