lunes, 9 de marzo de 2015

AGUA, EL NUEVO ORO MEXICANO

AGUA, EL NUEVO ORO MEXICANO
Samuel Pérez García




Cuando los españoles nos conquistaron no venían a saludarnos ni para saber cómo vivíamos. Llegaron por el oro y la plata que para ellos ya era moneda de cambio, pues vivíamos en la mentada economía mercantilista. Tener oro en lingotes, era lo mismo o superior a lo que el señor feudal lo distinguía: sus grandes posesiones, las cuales explotaba con la mano de obra sierva. En toda la vieja américa la minería fue una de las economías que distinguieron a los nuevos países en formación.
Pero nunca el agua. Ésta como elemento vital para el género animal, vegetal y humano no tenía esa importancia que hoy tiene. Por donde quieran que pasaran los viejos conquistadores encontraban agua, abundante pescado y todo lo que aquel elemento hídrico podía generar.
Pero nació la industria con sus revoluciones tecnológicas, unos siglos después, y el agua contaminada fue siendo una de las consecuencias más inmediatas, sumados al mal aire, a la salud de la gente. Ahí donde una industria se establecía, comenzaban los problemas al ambiente: aire, agua, vida animal y vegetal.
Si bien a la sociedad de nuestro tiempo, la industria le produjo un alivio temporal porque ofrecía trabajo  a los obreros, eso no resolvía las necesidades a largo plazo que esta nueva clase social exigía para vivir bien. Así comenzó la lucha entre obreros y capitalistas, cada uno peleando su propia parcela en el proceso de producción hoy vigente.
Los obreros asalariados, preocupados por su modo de vida, y vacíos de una concepción que les esclareciera su situación existencial en esa etapa, pudieron preocuparse apenas por pedir, como una especie de favor, que los patrones o su gobierno, los ayudaran a superar tantas penas sufribles: hacinamiento, insalubridad, exigua paga y muchas horas de trabajo (18 horas para los primeros obreros). Los capitalistas, por supuesto, aliándose al gobierno para evitar que aquellos los despojaran de su ganancia absoluta.
Hasta que apareció en el siglo XIX el adalid de la clase obrera, quien en su Manifiesto del Partido Comunista y en su obra máxima El capital, explicó con claridad meridiana, cuáles eran realmente las causas del porqué de tanto sufrimiento de los obreros modernos. El quid no estaba en su apatía o indolencia, o su creencia en un Dios misericordioso, sino en la injusta distribución de la plusvalía. El patrón, al convertir en dinero la mercancía producida, repartía el costo del producto en tres partes: un tercio era para recuperar la inversión de la maquinaria y la materia prima, otra para salarios, mediante el cual el obrero  se podría reproducir como obrero, y una tercera, la plusvalía, que era la ganancia del inversor capitalista, y con la cual se quedaba para sí solo. Es decir, mientras que éste ganaba, el otro perdía. Al esclarecerse eso, la lucha ya no fue contra las máquinas, que desplazaban a los obreros de su fuente de trabajo, sino contra los propios capitalistas, quienes bañaron en sangre a quienes se atrevieron a desafiarlos. En estas luchas que tanto se distinguió el siglo XIX y XX, el agua nunca apareció como demanda fundamental de la clase obrera.
Ni tampoco para los propios capitalistas, pues el agua era abundante. A nadie se le ocurrió que siglos después, el agua sería una de las mercancías más preciadas. En efecto, hoy el agua ya no es una simple fuerza productiva que la naturaleza ofrece. Ahora el agua es una mercancía como cualquier otra. Y al serlo así, juega su papel en el mercado, entra a ser parte de la oferta y la demanda, según sea su abundancia o su escasez, según sea su necesidad y su uso. Además, su precio no baja como otras mercancías, al contrario va subiendo como la espuma. Esto se debe a que es una mercancía con ciertas cualidades que no tienen otras: expresa la vida misma, lo que ninguna  otra puede tener de cualidad. He ahí su valor agregado, independientemente de su embotellamiento o entubamiento, o el uso industrial que se le dé.
 Al expresar la vida misma, el agua tiene un valor y si le agregas un proceso de trabajo, pues incrementa ese valor.
Hoy, ese producto ha venido encareciéndose no tanto por su valor agregado o por el uso que se le dé, sino debido a su escasez. Agua significa vida, pero este elemento, debido al proceso de industrialización de los países y al propio calentamiento global (consecuencia esta de la industrialización, aumento de la población y deforestación) ha venido menguando en sus vertederos naturales, lo cual hace que para tenerla disponible requiera mayor inversión para traerla a los domicilios caseros o industriales, lo que exige elevar su costo ante el usuario.

No sólo eso, sino que los nuevos procesos de extracción de materia prima para la industria, el famoso gas shale, que quieren conseguir del subsuelo profundo, requiere para extraerlo abundante agua, por lo que, los gobiernos de cada país, representantes directos de la clase industrial imperialista, han propuesto, tal es el caso México, reformar sus leyes para que el agua sea privatizada, es decir, para que cualquiera que necesite agua, sea para el uso que fuera, pueda tener acceso con ello, si cumple con algún contrato de inversión. Y no importa si al usarla contamine los mantos freáticos, lo que importa es que pueda extraerse el gas, y éste, a su vez, juegue su papel en la industria como generador de energía y calor. He aquí entonces la preocupación del gobierno mexicano para iniciar la privatización del agua. Por eso su iniciativa legal que ha promovido en el Congreso Federal. Dar comienzo a privatizar el agua, que no será solo para uso industrial, sino que el agua usada para consumo humano, hoy en manos de organismos gubernamentales, pasará a ser veta de ganancia fija para quienes se apoderen de las actuales Centros Estatales y Municipales de Agua y Saneamiento. Bajo la estrategia de un uso industrial, tendrán con la ley que aprueben los congresistas, la posibilidad de que los inversionistas nacionales y extranjeros nos cobren el agua, no a precio normal, sino en oro. De tal modo, que si ya tenemos a un Carlos Slim que se hizo rico con Teléfonos de México, mañana tendremos a otro tipo igual o peor, que se haga multimillonario gracias al agua que consumamos. ¿será posible? Sí, en México todo se puede, si se pudo crear el mito de la aparición de la virgen de Guadalupe, cómo no se podrá con el agua hacer una minita de oro. Por eso Morena va contra esa ley privatizadora.

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