domingo, 30 de noviembre de 2014

LOS 43 DESPARECIDOS Y LA GENTE DE APOYO


Rechazan consulta energética propuesta por Morena | Noticias





La Suprema Corte de Justicia negó la oportunidad de la consulta popular que se efectuaría en el 2015.

DE NUESTROS MIEDOS Y LA LUCHA POR ERRADICARLO
Manuel Álvarez








En un deslumbrante ensayo" sobre la vida líquida y sus miedos",  Zygmunt Bauman nos convence de lo siguiente: Hoy, igual que hace dos mil años, la ausencia de justicia obstruye el camino hacia la paz. Para el autor, de esa época a la era actual, nada ha cambiado, el único cambio existente es que ahora la justicia ya no es local o aldeana, sino planetaria.
Al estar inserto en un proceso globalizador negativo, los Estados han venido perdiendo legitimidad social y jurídica, porque ya se han venido deshaciendo de aquellos motivos que lo originaron: la seguridad, la solidaridad, la justicia en todos su ámbitos: legal, social y económica. Si antes el ciudadano común y los grupos tenían la esperanza de que pasado los años encontrarían la esperanza de convivir en paz y sin pobreza, hoy lo único que se vislumbra es la inseguridad social, la injusticia, el desempleo, el crimen letal que a todos ronda. Pero en lugar de ser el Estado el que promueva la eliminación de estos males, es el que crea los obstáculos para que siga prevaleciendo y erosionando con ello la esperanza.
Por eso, obligados por las circunstancias de tantas desavenencias sociales: crisis económica, desempleo, inseguridad ante el crimen, la violencia y el terrorismo, el ciudadano en lugar de buscar asidero en el Estado que lo gobierna o en sus iguales, se atomiza y se disgrega, porque considera que es más fácil enfrentar solo el miedo que siente y vive ante la ola de violencia que circunda su territorio comunitario. Sin embargo, este miedo atroz que cada uno vive y por su propia cuenta busca el modo de resolver, a otros les sirve como modo de enriquecimiento. Así es como vemos en las últimas décadas el crecimiento de la policía privada contra la pública, el comercio de alarmas y sistemas sofisticados de seguridad: carros blindados, guardias personales, cursos de defensa personal, sistemas infinitos de salvguarda, cuyo único propósito es encontrar un aliciente que nos proteja de los males que nos aquejan: crimen, violencia, extorsiones, secuestros, desempleo, etc.
Todo esto se ha generado, no solamente porque el Estado se ha ido quitando su papel benefactor, para erigirse en un estado que está ahí, como parapeto, pero que ya no le asiste el fuerte vínculo con la sociedad que lo legitima, sino porque en los propios individuos, como resultado de estar inserto en un proceso global negativo, sirven como correa de transmisión para incrementar ese miedo que cierra toda razón para pensar como fuerza social, pues en lugar de eso, obstruye el camino y lo reorienta hacia un individualismo extremo, que lo aniquila peor que la propia violencia que vive.
Y es que ante el miedo que crece día con día, surgen acciones que lo conducen a un círculo vicioso: entre más miedo más acciones sin pensar y sin propósito claro. Ya encarrerado en busca de una solución que acabe con el miedo, lo único que consigue es envolver a otros a que sufran ese mismo miedo y actúen igual con él, individualistamente, porque ya perdió la fe en la fuerza del otro, en sus órganos de justicia, en sus dirigentes, en su gobierno.
Pienso en esto a propósito del crimen letal de la niña Karime y su tía. Del conflicto familiar, donde la protagonista, tía de la niña, resulta involucrada como cómplice del rapto y asesinato de la sobrina. También en el asesinato del abogado Puertas Rubio en Minatitlán, que en defensa propia cae abatido para evitar el plagio de su vástago. En los innumerables asaltos o secuestros con violencia o sin él, que desde hace mucho asuelan México, en especial la zona Sur de Veracruz. Todos estos hechos tienen un origen que Bauman nos recuerda. El Estado ha dejado de ser aquel benefactor que se pensó en el siglo de las luces. Aquel mismo que Marx concibió como arma política y militar de la clase capitalista. En nuestros tiempos actuales, el Estado ya no protege de la violencia ni a los que lo arropan. Incapaz de resolver situaciones como las que hoy vivimos, nada de muertito, hasta en tanto no le llegue la hora. O tal vez, porque es él mismo quien desde las sombras fomenta el crimen, el robo y la violencia de toda laya, que luego, para otros capitalistas rapaces, eso se convierte en economía pujante: más policía privada, más coches a prueba de bala, más alarmas y perros guardianes, más impuesto para los pobres, pero no seguridad, no justicia, no economía de empleo, no nada. Así, El Estado se ha convertido en un parásito que ya merece pasar a otra suerte. ¿Pero qué es lo que detiene a la sociedad o a los individuos? Vuelve aquí la voz de Bauman para indicar que es el miedo que carga cada uno entre cada costado lo que nos hace, en lugar de buscarnos como comunidad, que nos enconchemos en nuestras casas, la cerremos a piedra y lodo, para ver si así no somos una estadística de la violencia. Ese miedo extremo que se mira en los ojos, en la piel, en las palabras de cada uno, provoca que no haya acciones alternativas para cambiar la situación que vivimos, motiva a que no encontremos una solución adecuada a los problemas. Mientras no lo hagamos, muchas Karimes seguirán muriendo, muchas tías seguirán contribuyendo a construir dramas familiares como éstos, muchos abogados, doctores, gente corriente, seguirán secuestrados y eliminados, porque es el miedo acervo que cargamos lo que nos impide ser nosotros mismos, ser reflexivos y solidarios en la lucha contra el Estado. El miedo, hasta eso ocasiona, no permite pensar lo que se puede hacer si la sociedad, y entre más atomización, menos ideas y más terror en el corazón y en el pensamiento. Por eso urge hacer un alto, y construir puentes para consolidar una idea, una acción conjunta: la de cambiar el Estado actual y renovarlo desde sus cimientos. Marx en esto sigue teniendo razón, pero de esto me ocuparé otro día. 

Se los llevaron vivos
Samuel Pérez García











Se los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De frío y de hambre, de sueño y de recuerdos funestos. Llegarán como la lluvia: de improviso y con el paso de las horas serán tormenta, huracán. Serán como una bofetada en la improvisada cara del general de la gendarmería, y chorrearan lágrimas en la levita azul, o verde, o del tono que fuere, eso ya no importa. Tal vez digan solamente: en qué mundo estamos, en qué calle de qué ciudad, bajo qué sombra pasamos los días, cuando muchos nos buscaban y gritaban nuestros nombres.
Se los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De la mismísima soledad que se apoltrona en cada ojo, en cada caricia que alguien ofrece furtivamente, en el celeste cielo de la tierra; regresarán muertos de no decir nada, tan solo mirarnos a la cara, y sonreírnos de ver gritarle a la esperanza: vuelve acá, no te vayas, danos tu calor para que se siga manteniendo la poca que nos queda.
Se los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De habla y de ternura, de la mucha que sus ojos derramaron cuando eran pibes y sembraban ilusiones en las aulas, cuando tan sólo eran unos muchachos orgullosos de su pobreza, pero tan altivos de ser mañana, un ejemplo para todos. Se los llevaron vivos y todavía no sabemos cómo regresarán, si con gritos alusivos a la lucha que enaltece el corazón más deprimido, o con la música que se toca para honrar a los caídos. Se los llevaron vivos, pero no sé cómo ni cuándo vendrán, y ya es noche y el frío nos muerde la piel, la soledad nos cubre con imperceptible herida y nos aísla de todos los que andamos todavía. Se los llevaron vivos pero no sé cuál es la hora en que lleguen y nos cuenten qué fue lo que pasó.
Sí, se los llevaron vivos, gritan todos, pero yo no sé cómo vendrán.

AYOTZINAPA





1

¿TIENE SENTIDO?
¿No sé qué haremos ante tanto dolor social? ¿No sé qué caminos habría que labrar para quitar de una vez por todas lo que lacera por tanta madriza al alma? ¿No sé de qué modo decirle a la gente que no deberíamos esperar a que le toque a nuestro hijo caer bajo la bala asesina, sino prepararnos para evitarlo y luego fundar un nuevo país? ¿No sé de qué educación se tiene que constituir el pueblo para que razone tantito que las formas de morir de ahora, lesionan la dignidad? ¿No sé porque tanto me pregunto para llegar a la misma conclusión: si no hago nada hoy, mañana vendrán por mí, y me tocará la misma suerte que a los muchachos guerrerenses? ¿No sé porque me desespero más, cuando miro la mansedumbre, el silencio horrendo de mi pueblo, vivir todos los días como si viviera en paz? Pero no escribiré un poema, ni un cuento, ni una frase de conduelo ¿Tiene sentido ante tanta sangre derramada? ¿Tiene significado alguno decir Todos somos ayotzinapa, mientras aquellos están en la calle y yo estoy aquí, en la Universidad pensando esto que escribo? Tiene sentido, pregunto, tiene sentido?

2
¿Y SI NO ESTÁN VIVOS?
¿Y si no están vivos? ¿Y si nunca aparecen? ¿Se quedarán como desaparecidos como muchos otros? ¿Y nosotros qué haremos? ¿Apechugaremos este dolor profundo? ¿Y si sabemos que ya están muertos? ¿Los velaremos como a cualquiera? ¿Lloraremos y después de mitigar el dolor, haremos como si nada hubiera pasado? ¿Solamente juraremos que su muerte será vengada, pero en el fondo sólo será un grito de dolor y solo eso? ¿O habrá otra respuesta más contundente? ¿Y si no hayan a los culpables, qué haremos nosotros para encontrarlos? ¿Las madres y nosotros qué haremos ante tanta barbarie? ¿Dejaremos todo eso al castigo de Dios? ¿Pero existe este señor al que todos nombran? ¿Si lo hubiera porque no obra con su sapiencia universal y castiga a los culpables, sin tener que salir a la calle, ni quemar palacios, ni armarse de valor y de fusiles? ¿Por qué las cosas de los hombres sólo lo resuelven los hombres? Entonces qué haremos, pregunto, si ya están muertos o quedan siempre desaparecidos? ¿Qué haremos, hermanos de infortunio? ¿Qué haremos para lograr justicia en este mundo gobernados por los ricos, que hoy nos matan como gusanos? ¿Seguir esperando a que otros caigan para que ahora sí nos levantemos juntos? ¿Qué haremos, hermano, amigo, contacto, cuando te toque lo mismo que les hicieron a los estudiantes? ¿Qué haremos?

3
YO ESTOY CON ELLOS
Yo estoy con ellos. En dónde estén y como estén: vendados, torturados, con hambre y mucho sueño. Estoy con ellos porque me han demostrado que no es posible estarse quieto mientras otros mueren de hambre y de represión, porque me han demostrado que la vida sin lucha por los demás, resulta indigna. Yo estoy con ellos, los jóvenes que no están ahora, porque si estuvieran irían al frente, gritando Zapata vive, la lucha sigue. Estoy con ellos porque son jóvenes y el futuro es de ellos, aunque alguien desde las sombras, los mantenga escondidos. Sí, yo estoy  con los estudiantes de Ayotzinapa y con los del Poli, que exigen mejor educación y más presupuesto, estoy con todo aquel que grita fuerte, en el salón y en las calles, frente al gobierno y frente al rico: que la vida es de todos y para vivirla hay que respetarla, que no se puede que el país crezca entregando los recursos naturales a los extranjeros, que no se puede vivir sin educación laica, gratuita, científica y democrática, que no se puede vivir reprimiendo la inteligencia y el futuro que representan los jóvenes de México. Por eso yo estoy con ellos, los jóvenes desaparecidos y los que ahora y en la tarde se unirán en las calles de todo el mundo para demandar justicia y que aparezcan vivos. Por eso estoy con ellos, porque si no lo estuviera, muerto estaría. Pero todavía no, por eso exijo como cualquiera de nosotros: que aparezcan vivos o que el pueblo deponga a este gobierno por haberlos masacrado.

4
¿QUÉ ES PERDER UN HIJO?
Todavía no sé qué es perder un hijo, que pobremente vaya a una escuela Normal, queriendo ser distinto. Me supongo que si me pasara, el mundo completo me caería encima. Me nublaría la mente y todo me confundiría. No sé si primero derramaría una lágrima o dos, no sé qué haría al saberlo. Pero lo volvería a ver caminando alegre rumbo a la escuela que le daría un futuro. Lo supongo pensar lo bien que se sentiría cuando cumpliera su trabajo de enseñar las primeras letras a los niños de su escuela. Lo imaginaría maestro ejemplar, preocupado por sus niños, por su pueblo. También otras cosas  como saber que bastó un instante para perderlo. Bueno, eso no lo Imaginaría, lo sentiría amargo, profundo, lacerante. Creo, supongo, que no tendría suficientes lágrimas para externar ese dolor. Luego, cuando me enterara de la causa de su muerte: detenido, asesinado con un tiro en la cabeza, enterrado en una fosa común, acusado de ser rebelde, contestario, anarquista o simplemente estudiante que imaginaba un mundo justo para todos; créanme, no me tragaría el dolor, lo vomitaría hasta que las penas juntas salieran desde adentro, y me dieran un poco de tiempo para pensar lo que siguiera. Desde luego, no sería la calma ni el sueño profundo. Sería, en cambio, la agitación entre los míos, entre las familias de otros desaparecidos que como yo sentirían el mismo dolor en las entrañas. Con ellos y con aquellos que se armaran de valor, nos perderíamos en la selva de los montes y ciudades y un día, cualquiera, como hoy o como siempre, saldríamos a la luz pública con un manifiesto en contra de este gobierno que nos entierra en fosa común, que nos masacra sin misericordia, que nos vende como espejos baratos en el mercado mundial, que nos mata a nuestros hijos para apaciguarnos, para decirnos, quédense callados o los próximos son ustedes. Pero ya no sería el puro grito, sino atrás de ese manifiesto se movería la energía de un pueblo organizado, que saldría al alba para conducir con nuevas luces este mundo, que hoy el narcoestado lo destruye y nos quiere hacer crecer que es aislado. No sería un puro manifiesto como tantos, atrás vendría un pueblo armado, con fusiles y con ideas para que la sombra de mi hijo no muriera igual que todos, sino que fuera un ejemplo a seguir en esta lucha. No, todavía no sé qué significa perder un hijo. Pero sí sé cuál es el papel que me corresponde ahora: educar al pueblo para marchar con mis hermanos a la conquista de la aurora, para frenar las oscuras horas de los cuchillos largos del narco estado en el que vivo. Para que un día seamos libres de la narco política y del crimen.

EL MUNDO AL REVÉS

Goyo Jiménez fue secuestrado y asesinado en febrero del 2014. Su cuerpo apareció en una fosa clandestina en el muncipio de Las Choapas. Días antes lo habían secuestrado y ante el reclamo de los periodistas, la policía se ocupó de indagar esa desaparición, lo que llevó al encuentro de ese funesto resultado. En honor a él, escribimos ese poema

protesta contra los asesinatos de periodistasa


Marcha de periodistas de Coatzacoalcos en protesta por el asesinato de Goyo Jiménez

LAS MINISTRAS ANTIPOPULARES

Olga Cordero y Margarita Luna, magistrados de la Suprema Corte de Justicia de la Nación,  fueron las encargadas de bloquear la consulta popular que MORENA promovió con el apoyo de 2,700,000 firmas de ciudadanos para que el próximo año, el 6 de junio del 2015, hubiera una consulta donde el pueblo se manifestara a favor o en contra de la Reforma Energética aprobada en el 201|3.

MARCHA EN COSOLEACAQUE VERACRUZ

El domingo 9 de noviembre del 2014 pobladores de Cosoleacaque, Veracruz se manifestaron en reclamo a los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, Guerrero.

sábado, 29 de noviembre de 2014

PREGUNTAS



PRONUNCIAMIENTO DE MORENA COSOLEACAQUE



MEMORIA DE JUCHITAN
Samuel Pérez García


FOTOGRAFÍA PUBLICADA POR LOURDES FERRA


1
Fue un día de lucha aquel 13 de diciembre de 1983. La policía y el ejército habían entrado a la fuerza y desalojado a los coceístas, que desde el 3 de agosto se mantenían ahí al haber el Congreso del Estado declarado la desaparición de poderes en el municipio de Juchitán.
El movimiento de represión comenzó en la madrugada de ese día. Tronaron los cuetes y la gente que dormía en su casa se levantó y fue al apoyo de los coceístas que habían sido desalojados con la violencia física, los gases lacrimógenos y muchos policías y soldados.
Al amanecer, frente al palacio, había unas patrullas volteadas y muchos vidrios rotos, prueba de una batalla campal. Para eso, al reclusorio de Salina Cruz  y de Tehuantepec se habían llevado a muchos y el ejército resguardaba el palacio municipal. 
Eso fue lo primero que vi cuando mi vecina y arrendataria me dijo que si no me había dado cuenta que había habido una batalla campal en el palacio. Que los soldados habían entrado y desalojado a los que hacían guardia esa noche y madrugada. Dejé lo que hacía y me encaminé al palacio. Ya eran las siete de la mañana. Sendos grupos de gentes inconformes, simpatizantes de la COCEI, estaban en las dos esquinas del palacio (la del mercado y la de Efraín R. Gómez con la 5 de septiembre). En lugar de quedarme de mirón y asombrado como todo mundo, me fui a la esquina donde está El Banco Nacional de México. Había en ese lugar muchas rejas de refrescos. Tomé varias y armé un templete breve al cual subí. Recuerdo que empecé mi oratoria con esa frase de Guillermo Prieto: "los valientes no asesinan" a pura capela, sin micrófono. Construí un discurso que supuse incendiario porque la gente que merodeaba en esa esquina me empezó a rodear y a mirarme sorprendido que me atreviera a hablar cuando los soldados estaban ahí, listos para actuar. Pero en respuesta la gente empezó a aplaudirme y terminaron animándose, de tal modo que comenzaron a corear consignas. Cuando concluí me dirigí a la esquina de cinco de septiembre, que es colindante con el palacio. Hice lo mismo y la gente se arremolinó más.
Los ánimos volvieron a elevarse y las consignas de Juchitán no es cuartel, fuera ejército de él, fue la respuesta de quienes antes, por temor o por alguna otra causa, no sabían qué hacer en esos momentos de tensión. Sucedió eso cuando todos los liderazgos habían huido o estaban en la cárcel, cuando yo ocupé el lugar de alguno de ellos, incentivando al ánimo y a la lucha. Fue cuando esos cuadros menores, no los altos dirigentes como les decíamos a Manuel Chaparro, Oscar Cruz, Polín de Gyves, Héctor Sánchez, López Nelio, etc. me tomaron en cuenta  para que yo participara en esos días trágicos, cuando era maestro de la Preparatoria Popular Gustavo Pineda de la Cruz, que estuvo ahí donde ahora es un centro de abasto. Así fue como participé en los varios días que duró la movilización popular contra la toma del palacio municipal de Juchitán, bastión en aquellos años de la lucha democrática y el deseo de erigir un gobierno popular desde abajo.

2
Tienen un minuto para dispersarse o vamos sobre ustedes -dijo por el altavoz Camarena, el comandante de la guardia represiva, que formada en fila, con cascos, escudos y toletes, se preparaban a embestirnos. Pero no nos movimos. Uno, dos, tres contaba el comandante…
Al lado mío había piedras y botellas, tomé la mía y la arrojé contra la columna de granaderos que, a paso rápido venía sobre nosotros. Cuando los tuvimos cerca, empezamos a correr hacia diversos puntos. Yo me fui por la Efraín R.Gómez. Corría con la mano adentro de mi bolsa de cuero, en cuyo interior llevaba mis chacos, por aquello de las dudas. Un granadero estuvo a punto de darme alcance, pero a un metro de mi resbaló y cayó. Otros no corrieron la misma suerte y fueron ingresados a la cárcel de Tehuantepec.
3
Ya era tarde como a eso de las seis de ese mismo día 13 de diciembre. Estábamos en la esquina donde antes había sido terminal de autobuses. Los policías venían del oeste y nosotros hacíamos grupo ahí en la 2 de abril con Roque Robles. Como traían consigna de dispersarnos a como diera lugar, comenzaron a dispararnos desde 50 metros antes. Corrimos buscando hacia sur de la calle 2 de abirl, y como no estaba pavimentada sino engravillada, me resbalé. Tal vez el resbalón evitó que me dieran un disparo de goma, porque uno que iba delante de mí, se quejó de haber recibido uno de ellos. En efecto, cuando mostró su espalda, tenía un hueco que le había ocasionado la goma.
4
Esa misma noche no pude llegar a mi cuarto. Nos fuimos a pernoctar a la séptima sección. Quién pudo darnos cabida a mí y a José Leño fue Cándida Santiago. Dormimos en su casa o tal vez nos mantuvimos en vela, porque a través de un magnavoz, la policía pasaba pidiendo a la población que no escondiéramos a los comunistas y que no permitieran a sus hijos realizar desmanes. Muy al amanecer salimos de la casa, todavía con el miedo por la represión, y nos encaminamos hacia la casa de una hermana de José Leño, en Espinal. En esa época no sabía nada de zapoteco, pero sabía leer los gestos de lo que se habla en esa lengua vernácula. Y mientras José Leño defendía que yo no era peligroso, su hermana se quejaba de porque andaba metido en el movimiento y de paso trajera un problema cargando, que era yo. Desayunamos en silencio lo poco que nos dio la hermana y volvimos a regresar a Juchitán. Y nos integramos de nuevo a lo que venía: seguir en el plantón contra las fuerzas del orden. El comercio había cerrado sus puertas y demandaba mano dura contra los alteradores del orden santo. Como no había otro periódico más que La Hora, ese era el que leíamos sobre lo que acontecía en Juchitán. Pero si recuerdo que una tarde, alguien compró El Excelsior donde se narraba la crónica de esos días aciagos. Recuerdo todavía que cuando hablaba de los tantos y tantos presos que abarrotaban las cárceles del istmo, el reportero adornó la nota con una foto no sé si de Betina Velázquez o de alguna otra juchiteca guapa, que en esa época había muchas, y militaban en la Cocei.
5
Esta comida es para usted, comandante, me dijo una mujer de piel blanca, ojos verdes, como al mediodía cuando estábamos arremolinados en la esquina de Efraín R. Gómez. La miré asombrado que me trajera comida de modo especial, que me llamara comandante, pero también por la sonrisa  coqueta que sus ojos despedían. Tal vez andaba en los treinta años. Supongo, también, que formaba parte de las mujeres que estaban esa mañana dudosas de saber qué hacer frente al hostigamiento de la policía. Al tomar la palabra frente al gentío, quizá ocupe el espacio de sus ojos y su interés, y en pago a ese ánimo que le supe prender, hizo una labor conmigo al traerme la comida que había guisado. Fue la única vez que la vi porque nunca supe más de ella. Tal vez porque era un muchacho veinteañero y mi corazón no latía todavía por teca alguna, como después lo fue.


ESO QUE ENTREMIRO
Samuel Pérez García






Los detenidos después de la marcha del 20 de noviembre y su envío a diferentes penales del país, así como los discursos  impregnados de futura represión por parte del Secretario de la Defensa y de la Marina, avizoran que se está gestando en México una política de contrainsurgencia aplicada al pueblo inconforme por los sucesos que vienen aconteciendo.
Tales declaraciones son peligrosas, porque se suman a las vertidas por el propio Presidente espurio de ésta república bananera, con lo que genera un ambiente nocivo por intimidatorio.
Frente a tales hechos, el pueblo mexicano, esa parte heroica que decide luchar por la justicia y por la libertad, tendrá el deber de organizarse para formar sus propias milicias, porque el bárbaro no dejará de serlo con solo marchar y reclamar los derechos fundamentales de la ciudadanía. El bárbaro recargará su fusil y en lugar de una granada llevará varias, así como se llenará de odio y pensará que contra quien lucha no es el propio pueblo que le paga el sueldo con sus impuestos, sino unos pendejos que de pronto les dio por soñar barbaridades, producto de su mala cabeza o su hambruna.
Ya no se trata de seguir oyendo que nos van a reprimir y nosotros pensar que nunca ocurrirá, que marcha tras marcha ocurrirá en paz. Las provocaciones están y estarán a partir del 20 de noviembre a la orden del día. El pueblo no será el que reclame un alto a los secuestros y a las matazones y cauda de desaparecidos, sino que el propicie la violencia y dé la pauta para que los granaderos y el ejército intervengan violentamente. Ese es el esquema que las autoridades vienen configurando con el fin de crear en la mente de ese otro pueblo pasivo, el que chismea y corrompe, por miedo o interés material, a la otra parte de indecisos que no saben qué hacer ante esa oleada de protesta que actualmente vivimos.
Por esas razones, y porque no estamos chupándonos el dedo es que entremiro que se está configurando un ambiente represivo que, posiblemente, inicié antes de los planes que el gobierno haya elaborado y mucho antes de que nosotros mismos nos demos cuenta. De hecho ya empezó al acusar a los detenidos de sedición, motín y ultraje a la autoridad. Recuerden que a los estudiantes del 68 los acusaron de disolución social.
Ellos, los que representan a la autoridad, son intocables. El pueblo no puede insultarlos, el pueblo ya no puede protestar, el pueblo debe quedarse callado, si es que quiere compartir la fiesta en paz; en caso contrario, se aplicará la represión selectiva y se obstruirá en grado alto la impartición de la justicia, con tal de que sirvan de escarmiento a los que piensan sumarse a esta lucha.
Pongamos, entonces mucha atención a lo que ocurre. No permitamos que nos tomen por sorpresa. A organizarse con todo lo que se tenga a la mano, y evitar a toda costa dividirnos entre anarquistas y no anarquistas, entre pacíficos y violentos. Esta división es lo que el Estado quiere para ganar esta batalla: la de la renuncia de Enrique Peña Nieto, en primera instancia; en segunda, trastocar todo el modelo de gobierno represivo del cual el actual gobierno hace honor. No hay aquí dos México, sino uno solo: el que hoy enarbola la lucha contra el espurio presidente, cuyo único mérito es haber entregado su país a los extranjeros.
Adelante compañeros. En esta lucha no hay de otra: luchamos o luchamos. O luchamos juntos o terminarán destrozándonos si nos separamos.


Tengo un sueño

Samuel Pérez García





Universitarios de la U.V. en el teatro de la ciudad durante una manifestación el 20 nov. 2014



Que la taza de café que me tomo todos los días a nadie le faltara; que el alimento que consumo estuviera en cada mesa, y fuera conseguido sin apremio o sin alguna violencia; que las escuelas se abrieran para todos los niños en edad escolar y que los maestros vieran en su trabajo no una manera de ganarse la vida, sino una actividad sin la cual no serían lo que son: profesores.
Que la ciudad estuviera limpia, el pavimento sin baches; que el pasaje no estuviera a la alza cotidianamente, que no faltara el empleo para nadie y que quien gobierna se apegara a la justicia, a buscar la igualdad entre todos, y que existiera la solidaridad con el desvalido siempre.
Tengo un sueño: el de no ver a los maestros jubilados ocupados en tarea que no son suyas, porque necesitan cubrir sus necesidades dado que la pensión no alcanza, pero en cambio otros, los de arriba: políticos y jueces, cobran miles de veces la pobre cantidad que un jubilado recibe; que las mujeres parturientas no sufrieran la carencia de cama y medicina cuando deben alumbrar un nuevo ser, y que éste, fuera recibido con alegría por todos sus parientes; que en este país que llamo México no hubiera tanta diferencia, ni tanto ladrón al acecho de un cargo público.
Que el salario no fuera tan exiguo y en un conflicto patronal, ganara el que tuviera la razón, y no el que fuera capaz de corromper a los magistrados de la Junta; que los diarios dijeran la verdad y se apegaran a los hechos y nos a las mentiras que inventan; que la lotería nacional no fuera tan engañosa, y de verdad la suerte bendijera a todos, que los candidatos a políticos no se eligieran por su dinero, sino por las buenas acciones que el hombre hubiera hecho, antes de ser elegido, que no se metiera al pueblo a la cárcel por exigir sus derechos ni hubiera tantos desaparecidos como hoy se sabe que están.
Pero mi realidad es diferente. Ninguno de mis sueños es posible. Por eso creo que ya deliro, y si no estoy loco, poco me falta para ello. Porque en mi país es todo lo contrario a mi sueño. En este país pequeño cada uno se rasca con sus propias uñas, y el que no es ladrón, es corrupto, y el que no es corrupto, es político, y el que no es político, es narcotraficante, porque en mi país, no hay otro modo de enriquecimiento. Aquí no sirve que seas buen maestro, excelente ingeniero, creativa cocinera, atento chofer de coche público, honesto mercader; aquí lo que cuenta son aquellos  oficios antes dichos, y que para serlo no hay que ir a escuela alguna, tal vez medio leer dos libros y medio saber tu propio idioma, pero sí tener muchas mañas para subir encima del otro y hacerte de dinero a manos llenas. Así es mi país y no hay otro mejor que él, aunque nadie concuerde conmigo.


SI UN DÍA DESAPAREZCO
Samuel Pérez García


Marcha de Mina a Cosoleacaque, Ver. 23 de nov. 2014


Si un día desaparezco, no me busquen en alguna cárcel ni en algún avión fletado a China, tampoco en alguna lancha que transporte mariguana o cocaína, no me busquen de igual modo, en algún resquicio del poder público, ni siquiera en los brazos de la vecina; Si un día desaparezco, inútil buscarme en alguna cantina madrugadora, ni siquiera en algún putero clandestino; no me busquen en los brazos de la eterna primavera, ni en la del verano de tus ojos, ni en el otoño de la güera, tampoco en el invierno inclemente de alguna mujer caribeña; simplemente no me busquen en el mundo de los vivos, que gritan dolor y coraje ante la muerte y ante la desolación de no encontrar a los 43 perdidos; no me busquen en algún camión urbano que va al Poli, a la UNAM o cualquier escuela, ni en la calle más recóndita y peligrosa; no me busquen en el basurero de la historia ni en los desechos que tiran las ciudades; ni siquiera en alguna fosa clandestina; tampoco me busquen en el letrero de "Peligro, gobierna el PRI", no estaré ahí, no estaré en ningún lugar de los que fácilmente se detectan cuando se mira bien; no me busquen en alguna posada paupérrima o de estrellas fosforescentes, porque aún no estaba cansado como Murillo Karam; es cierto, me duelen los pies de tanto marchar y la garganta la tenía ronca por tanto gritar, pero no me busquen en lugares así, tampoco en el río contaminado o el arroyo, ni en alguna barranca de mi pueblo, bajo el frondoso amate no estaré. No, en ninguna parte me busquen si algún día desaparezco. Mejor pregunten por mí en los ojos del ejército o del rabioso granadero, en el gesto impune de la policía que huele sangre y se alebresta más cuando sabe que soy contrario al gobierno, búsquenme eso sí, en la semilla que crece en el pasto de algún jardín libertario, en la sangre derramada de algún joven golpeado y detenido, búsquenme en el coraje de un pueblo humillado, en la fuerza de su grito y en su fusil oratorio que lastima al opresor, en la voz de todos que anima a la vida plácida, en el ideal de vivir en paz sin mutilados, sin cercenados de la cabeza o los miembros, sin pendejos que no leen y se hacen presidentes; búsquenme en el corazón de todos los indóciles, los temerarios, los rebeldes de causa clara, en la tristeza de los padres que hoy lloran a sus hijos desaparecidos, búsquenme de igual modo en tu propia fe de no doblarte, de seguir insistiendo que haya un país distinto, en tu ideal de construir otra democracia, otra vida, otra historia. Ahí estaré si mirarme sabes, si comprenderme puedes, si avizorarme quieres. Pero no me busques en tu mala fe, en tu engaño público, en la actitud inconsecuente de tu vivir; no, no me busques en los escalones de esperanzas falsas. Búscame eso sí, en la creativa lucha por cambiar el mundo, pues cambiando a él, me cambio yo y tú. Cambiamos todos. Búscame en ese cambio permanente que decía el viejo Heráclito. Ahí estaré. Búscame ahí para que juntos nos movamos igual que ayer. Si desaparezco, búscame.

ADIÓS PEÑA; La Marcha que no transmitieron los medios.