ESO QUE ENTREMIRO
Samuel Pérez García
Los detenidos después de la marcha del 20 de noviembre y su envío a
diferentes penales del país, así como los discursos impregnados de futura represión por parte del
Secretario de la Defensa y de la Marina, avizoran que se está gestando en
México una política de contrainsurgencia aplicada al pueblo inconforme por los
sucesos que vienen aconteciendo.
Tales declaraciones son peligrosas, porque se suman a las vertidas por
el propio Presidente espurio de ésta república bananera, con lo que genera un
ambiente nocivo por intimidatorio.
Frente a tales hechos, el pueblo mexicano, esa parte heroica que decide
luchar por la justicia y por la libertad, tendrá el deber de organizarse para
formar sus propias milicias, porque el bárbaro no dejará de serlo con solo
marchar y reclamar los derechos fundamentales de la ciudadanía. El bárbaro
recargará su fusil y en lugar de una granada llevará varias, así como se
llenará de odio y pensará que contra quien lucha no es el propio pueblo que le
paga el sueldo con sus impuestos, sino unos pendejos que de pronto les dio por
soñar barbaridades, producto de su mala cabeza o su hambruna.
Ya no se trata de seguir oyendo que nos van a reprimir y nosotros pensar
que nunca ocurrirá, que marcha tras marcha ocurrirá en paz. Las provocaciones
están y estarán a partir del 20 de noviembre a la orden del día. El pueblo no
será el que reclame un alto a los secuestros y a las matazones y cauda de desaparecidos,
sino que el propicie la violencia y dé la pauta para que los granaderos y el
ejército intervengan violentamente. Ese es el esquema que las autoridades
vienen configurando con el fin de crear en la mente de ese otro pueblo pasivo,
el que chismea y corrompe, por miedo o interés material, a la otra parte de
indecisos que no saben qué hacer ante esa oleada de protesta que actualmente
vivimos.
Por esas razones, y porque no estamos chupándonos el dedo es que
entremiro que se está configurando un ambiente represivo que, posiblemente,
inicié antes de los planes que el gobierno haya elaborado y mucho antes de que
nosotros mismos nos demos cuenta. De hecho ya empezó al acusar a los detenidos
de sedición, motín y ultraje a la autoridad. Recuerden que a los estudiantes
del 68 los acusaron de disolución social.
Ellos, los que representan a la autoridad, son intocables. El pueblo no
puede insultarlos, el pueblo ya no puede protestar, el pueblo debe quedarse
callado, si es que quiere compartir la fiesta en paz; en caso contrario, se
aplicará la represión selectiva y se obstruirá en grado alto la impartición de
la justicia, con tal de que sirvan de escarmiento a los que piensan sumarse a
esta lucha.
Pongamos, entonces mucha atención a lo que ocurre. No permitamos que nos
tomen por sorpresa. A organizarse con todo lo que se tenga a la mano, y evitar
a toda costa dividirnos entre anarquistas y no anarquistas, entre pacíficos y
violentos. Esta división es lo que el Estado quiere para ganar esta batalla: la
de la renuncia de Enrique Peña Nieto, en primera instancia; en segunda,
trastocar todo el modelo de gobierno represivo del cual el actual gobierno hace
honor. No hay aquí dos México, sino uno solo: el que hoy enarbola la lucha
contra el espurio presidente, cuyo único mérito es haber entregado su país a
los extranjeros.
Adelante compañeros. En esta lucha no hay de otra: luchamos o luchamos.
O luchamos juntos o terminarán destrozándonos si nos separamos.

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