Se los llevaron vivos
Samuel
Pérez García
Se
los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De frío y de hambre, de sueño y de
recuerdos funestos. Llegarán como la lluvia: de improviso y con el paso de las
horas serán tormenta, huracán. Serán como una bofetada en la improvisada cara
del general de la gendarmería, y chorrearan lágrimas en la levita azul, o
verde, o del tono que fuere, eso ya no importa. Tal vez digan solamente: en qué
mundo estamos, en qué calle de qué ciudad, bajo qué sombra pasamos los días,
cuando muchos nos buscaban y gritaban nuestros nombres.
Se
los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De la mismísima soledad que se
apoltrona en cada ojo, en cada caricia que alguien ofrece furtivamente, en el
celeste cielo de la tierra; regresarán muertos de no decir nada, tan solo
mirarnos a la cara, y sonreírnos de ver gritarle a la esperanza: vuelve acá, no
te vayas, danos tu calor para que se siga manteniendo la poca que nos queda.
Se
los llevaron vivos, pero regresarán muertos. De habla y de ternura, de la mucha
que sus ojos derramaron cuando eran pibes y sembraban ilusiones en las aulas,
cuando tan sólo eran unos muchachos orgullosos de su pobreza, pero tan altivos
de ser mañana, un ejemplo para todos. Se los llevaron vivos y todavía no
sabemos cómo regresarán, si con gritos alusivos a la lucha que enaltece el
corazón más deprimido, o con la música que se toca para honrar a los caídos. Se
los llevaron vivos, pero no sé cómo ni cuándo vendrán, y ya es noche y el frío
nos muerde la piel, la soledad nos cubre con imperceptible herida y nos aísla
de todos los que andamos todavía. Se los llevaron vivos pero no sé cuál es la
hora en que lleguen y nos cuenten qué fue lo que pasó.
Sí,
se los llevaron vivos, gritan todos, pero yo no sé cómo vendrán.

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