SI
UN DÍA DESAPAREZCO
Samuel
Pérez García
Si
un día desaparezco, no me busquen en alguna cárcel ni en algún avión fletado a
China, tampoco en alguna lancha que transporte mariguana o cocaína, no me
busquen de igual modo, en algún resquicio del poder público, ni siquiera en los
brazos de la vecina; Si un día desaparezco, inútil buscarme en alguna cantina
madrugadora, ni siquiera en algún putero clandestino; no me busquen en los
brazos de la eterna primavera, ni en la del verano de tus ojos, ni en el otoño
de la güera, tampoco en el invierno inclemente de alguna mujer caribeña;
simplemente no me busquen en el mundo de los vivos, que gritan dolor y coraje
ante la muerte y ante la desolación de no encontrar a los 43 perdidos; no me
busquen en algún camión urbano que va al Poli, a la UNAM o cualquier escuela,
ni en la calle más recóndita y peligrosa; no me busquen en el basurero de la
historia ni en los desechos que tiran las ciudades; ni siquiera en alguna fosa
clandestina; tampoco me busquen en el letrero de "Peligro, gobierna el
PRI", no estaré ahí, no estaré en ningún lugar de los que fácilmente se
detectan cuando se mira bien; no me busquen en alguna posada paupérrima o de
estrellas fosforescentes, porque aún no estaba cansado como Murillo Karam; es
cierto, me duelen los pies de tanto marchar y la garganta la tenía ronca por
tanto gritar, pero no me busquen en lugares así, tampoco en el río contaminado
o el arroyo, ni en alguna barranca de mi pueblo, bajo el frondoso amate no
estaré. No, en ninguna parte me busquen si algún día desaparezco. Mejor
pregunten por mí en los ojos del ejército o del rabioso granadero, en el gesto
impune de la policía que huele sangre y se alebresta más cuando sabe que soy
contrario al gobierno, búsquenme eso sí, en la semilla que crece en el pasto de
algún jardín libertario, en la sangre derramada de algún joven golpeado y
detenido, búsquenme en el coraje de un pueblo humillado, en la fuerza de su
grito y en su fusil oratorio que lastima al opresor, en la voz de todos que
anima a la vida plácida, en el ideal de vivir en paz sin mutilados, sin cercenados
de la cabeza o los miembros, sin pendejos que no leen y se hacen presidentes;
búsquenme en el corazón de todos los indóciles, los temerarios, los rebeldes de
causa clara, en la tristeza de los padres que hoy lloran a sus hijos
desaparecidos, búsquenme de igual modo en tu propia fe de no doblarte, de
seguir insistiendo que haya un país distinto, en tu ideal de construir otra
democracia, otra vida, otra historia. Ahí estaré si mirarme sabes, si
comprenderme puedes, si avizorarme quieres. Pero no me busques en tu mala fe,
en tu engaño público, en la actitud inconsecuente de tu vivir; no, no me
busques en los escalones de esperanzas falsas. Búscame eso sí, en la creativa
lucha por cambiar el mundo, pues cambiando a él, me cambio yo y tú. Cambiamos
todos. Búscame en ese cambio permanente que decía el viejo Heráclito. Ahí
estaré. Búscame ahí para que juntos nos movamos igual que ayer. Si desaparezco,
búscame.

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