DE NUESTROS MIEDOS Y LA LUCHA POR
ERRADICARLO
Manuel Álvarez
En un deslumbrante ensayo" sobre la vida líquida y sus miedos", Zygmunt Bauman nos convence de lo siguiente:
Hoy, igual que hace dos mil años, la ausencia de justicia obstruye el camino
hacia la paz. Para el autor, de esa época a la era actual, nada ha cambiado, el
único cambio existente es que ahora la justicia ya no es local o aldeana, sino
planetaria.
Al estar inserto en un proceso globalizador negativo, los
Estados han venido perdiendo legitimidad social y jurídica, porque ya se han
venido deshaciendo de aquellos motivos que lo originaron: la seguridad, la
solidaridad, la justicia en todos su ámbitos: legal, social y económica. Si
antes el ciudadano común y los grupos tenían la esperanza de que pasado los
años encontrarían la esperanza de convivir en paz y sin pobreza, hoy lo único
que se vislumbra es la inseguridad social, la injusticia, el desempleo, el
crimen letal que a todos ronda. Pero en lugar de ser el Estado el que promueva la
eliminación de estos males, es el que crea los obstáculos para que siga
prevaleciendo y erosionando con ello la esperanza.
Por eso, obligados por las circunstancias de tantas
desavenencias sociales: crisis económica, desempleo, inseguridad ante el
crimen, la violencia y el terrorismo, el ciudadano en lugar de buscar asidero
en el Estado que lo gobierna o en sus iguales, se atomiza y se disgrega, porque
considera que es más fácil enfrentar solo el miedo que siente y vive ante la
ola de violencia que circunda su territorio comunitario. Sin embargo, este
miedo atroz que cada uno vive y por su propia cuenta busca el modo de resolver,
a otros les sirve como modo de enriquecimiento. Así es como vemos en las
últimas décadas el crecimiento de la policía privada contra la pública, el
comercio de alarmas y sistemas sofisticados de seguridad: carros blindados,
guardias personales, cursos de defensa personal, sistemas infinitos de
salvguarda, cuyo único propósito es encontrar un aliciente que nos proteja de
los males que nos aquejan: crimen, violencia, extorsiones, secuestros,
desempleo, etc.
Todo esto se ha generado, no solamente porque el Estado
se ha ido quitando su papel benefactor, para erigirse en un estado que está
ahí, como parapeto, pero que ya no le asiste el fuerte vínculo con la sociedad
que lo legitima, sino porque en los propios individuos, como resultado de estar
inserto en un proceso global negativo, sirven como correa de transmisión para
incrementar ese miedo que cierra toda razón para pensar como fuerza social,
pues en lugar de eso, obstruye el camino y lo reorienta hacia un individualismo
extremo, que lo aniquila peor que la propia violencia que vive.
Y es que ante el miedo que crece día con día, surgen
acciones que lo conducen a un círculo vicioso: entre más miedo más acciones sin
pensar y sin propósito claro. Ya encarrerado en busca de una solución que acabe
con el miedo, lo único que consigue es envolver a otros a que sufran ese mismo
miedo y actúen igual con él, individualistamente, porque ya perdió la fe en la
fuerza del otro, en sus órganos de justicia, en sus dirigentes, en su gobierno.
Pienso en esto a propósito del crimen letal de la niña
Karime y su tía. Del conflicto familiar, donde la protagonista, tía de la niña,
resulta involucrada como cómplice del rapto y asesinato de la sobrina. También
en el asesinato del abogado Puertas Rubio en Minatitlán, que en defensa propia
cae abatido para evitar el plagio de su vástago. En los innumerables asaltos o
secuestros con violencia o sin él, que desde hace mucho asuelan México, en
especial la zona Sur de Veracruz. Todos estos hechos tienen un origen que
Bauman nos recuerda. El Estado ha dejado de ser aquel benefactor que se pensó
en el siglo de las luces. Aquel mismo que Marx concibió como arma política y
militar de la clase capitalista. En nuestros tiempos actuales, el Estado ya no
protege de la violencia ni a los que lo arropan. Incapaz de resolver
situaciones como las que hoy vivimos, nada de muertito, hasta en tanto no le
llegue la hora. O tal vez, porque es él mismo quien desde las sombras fomenta
el crimen, el robo y la violencia de toda laya, que luego, para otros
capitalistas rapaces, eso se convierte en economía pujante: más policía
privada, más coches a prueba de bala, más alarmas y perros guardianes, más
impuesto para los pobres, pero no seguridad, no justicia, no economía de
empleo, no nada. Así, El Estado se ha convertido en un parásito que ya merece
pasar a otra suerte. ¿Pero qué es lo que detiene a la sociedad o a los
individuos? Vuelve aquí la voz de Bauman para indicar que es el miedo que carga
cada uno entre cada costado lo que nos hace, en lugar de buscarnos como
comunidad, que nos enconchemos en nuestras casas, la cerremos a piedra y lodo,
para ver si así no somos una estadística de la violencia. Ese miedo extremo que
se mira en los ojos, en la piel, en las palabras de cada uno, provoca que no
haya acciones alternativas para cambiar la situación que vivimos, motiva a que
no encontremos una solución adecuada a los problemas. Mientras no lo hagamos,
muchas Karimes seguirán muriendo, muchas tías seguirán contribuyendo a
construir dramas familiares como éstos, muchos abogados, doctores, gente
corriente, seguirán secuestrados y eliminados, porque es el miedo acervo que
cargamos lo que nos impide ser nosotros mismos, ser reflexivos y solidarios en
la lucha contra el Estado. El miedo, hasta eso ocasiona, no permite pensar lo
que se puede hacer si la sociedad, y entre más atomización, menos ideas y más
terror en el corazón y en el pensamiento. Por eso urge hacer un alto, y
construir puentes para consolidar una idea, una acción conjunta: la de cambiar
el Estado actual y renovarlo desde sus cimientos. Marx en esto sigue teniendo
razón, pero de esto me ocuparé otro día.

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