domingo, 30 de noviembre de 2014


DE NUESTROS MIEDOS Y LA LUCHA POR ERRADICARLO
Manuel Álvarez








En un deslumbrante ensayo" sobre la vida líquida y sus miedos",  Zygmunt Bauman nos convence de lo siguiente: Hoy, igual que hace dos mil años, la ausencia de justicia obstruye el camino hacia la paz. Para el autor, de esa época a la era actual, nada ha cambiado, el único cambio existente es que ahora la justicia ya no es local o aldeana, sino planetaria.
Al estar inserto en un proceso globalizador negativo, los Estados han venido perdiendo legitimidad social y jurídica, porque ya se han venido deshaciendo de aquellos motivos que lo originaron: la seguridad, la solidaridad, la justicia en todos su ámbitos: legal, social y económica. Si antes el ciudadano común y los grupos tenían la esperanza de que pasado los años encontrarían la esperanza de convivir en paz y sin pobreza, hoy lo único que se vislumbra es la inseguridad social, la injusticia, el desempleo, el crimen letal que a todos ronda. Pero en lugar de ser el Estado el que promueva la eliminación de estos males, es el que crea los obstáculos para que siga prevaleciendo y erosionando con ello la esperanza.
Por eso, obligados por las circunstancias de tantas desavenencias sociales: crisis económica, desempleo, inseguridad ante el crimen, la violencia y el terrorismo, el ciudadano en lugar de buscar asidero en el Estado que lo gobierna o en sus iguales, se atomiza y se disgrega, porque considera que es más fácil enfrentar solo el miedo que siente y vive ante la ola de violencia que circunda su territorio comunitario. Sin embargo, este miedo atroz que cada uno vive y por su propia cuenta busca el modo de resolver, a otros les sirve como modo de enriquecimiento. Así es como vemos en las últimas décadas el crecimiento de la policía privada contra la pública, el comercio de alarmas y sistemas sofisticados de seguridad: carros blindados, guardias personales, cursos de defensa personal, sistemas infinitos de salvguarda, cuyo único propósito es encontrar un aliciente que nos proteja de los males que nos aquejan: crimen, violencia, extorsiones, secuestros, desempleo, etc.
Todo esto se ha generado, no solamente porque el Estado se ha ido quitando su papel benefactor, para erigirse en un estado que está ahí, como parapeto, pero que ya no le asiste el fuerte vínculo con la sociedad que lo legitima, sino porque en los propios individuos, como resultado de estar inserto en un proceso global negativo, sirven como correa de transmisión para incrementar ese miedo que cierra toda razón para pensar como fuerza social, pues en lugar de eso, obstruye el camino y lo reorienta hacia un individualismo extremo, que lo aniquila peor que la propia violencia que vive.
Y es que ante el miedo que crece día con día, surgen acciones que lo conducen a un círculo vicioso: entre más miedo más acciones sin pensar y sin propósito claro. Ya encarrerado en busca de una solución que acabe con el miedo, lo único que consigue es envolver a otros a que sufran ese mismo miedo y actúen igual con él, individualistamente, porque ya perdió la fe en la fuerza del otro, en sus órganos de justicia, en sus dirigentes, en su gobierno.
Pienso en esto a propósito del crimen letal de la niña Karime y su tía. Del conflicto familiar, donde la protagonista, tía de la niña, resulta involucrada como cómplice del rapto y asesinato de la sobrina. También en el asesinato del abogado Puertas Rubio en Minatitlán, que en defensa propia cae abatido para evitar el plagio de su vástago. En los innumerables asaltos o secuestros con violencia o sin él, que desde hace mucho asuelan México, en especial la zona Sur de Veracruz. Todos estos hechos tienen un origen que Bauman nos recuerda. El Estado ha dejado de ser aquel benefactor que se pensó en el siglo de las luces. Aquel mismo que Marx concibió como arma política y militar de la clase capitalista. En nuestros tiempos actuales, el Estado ya no protege de la violencia ni a los que lo arropan. Incapaz de resolver situaciones como las que hoy vivimos, nada de muertito, hasta en tanto no le llegue la hora. O tal vez, porque es él mismo quien desde las sombras fomenta el crimen, el robo y la violencia de toda laya, que luego, para otros capitalistas rapaces, eso se convierte en economía pujante: más policía privada, más coches a prueba de bala, más alarmas y perros guardianes, más impuesto para los pobres, pero no seguridad, no justicia, no economía de empleo, no nada. Así, El Estado se ha convertido en un parásito que ya merece pasar a otra suerte. ¿Pero qué es lo que detiene a la sociedad o a los individuos? Vuelve aquí la voz de Bauman para indicar que es el miedo que carga cada uno entre cada costado lo que nos hace, en lugar de buscarnos como comunidad, que nos enconchemos en nuestras casas, la cerremos a piedra y lodo, para ver si así no somos una estadística de la violencia. Ese miedo extremo que se mira en los ojos, en la piel, en las palabras de cada uno, provoca que no haya acciones alternativas para cambiar la situación que vivimos, motiva a que no encontremos una solución adecuada a los problemas. Mientras no lo hagamos, muchas Karimes seguirán muriendo, muchas tías seguirán contribuyendo a construir dramas familiares como éstos, muchos abogados, doctores, gente corriente, seguirán secuestrados y eliminados, porque es el miedo acervo que cargamos lo que nos impide ser nosotros mismos, ser reflexivos y solidarios en la lucha contra el Estado. El miedo, hasta eso ocasiona, no permite pensar lo que se puede hacer si la sociedad, y entre más atomización, menos ideas y más terror en el corazón y en el pensamiento. Por eso urge hacer un alto, y construir puentes para consolidar una idea, una acción conjunta: la de cambiar el Estado actual y renovarlo desde sus cimientos. Marx en esto sigue teniendo razón, pero de esto me ocuparé otro día. 

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