AYOTZINAPA
1
¿TIENE
SENTIDO?
¿No sé qué haremos
ante tanto dolor social? ¿No sé qué caminos habría que labrar para quitar de
una vez por todas lo que lacera por tanta madriza al alma? ¿No sé de qué modo
decirle a la gente que no deberíamos esperar a que le toque a nuestro hijo caer
bajo la bala asesina, sino prepararnos para evitarlo y luego fundar un nuevo
país? ¿No sé de qué educación se tiene que constituir el pueblo para que razone
tantito que las formas de morir de ahora, lesionan la dignidad? ¿No sé porque
tanto me pregunto para llegar a la misma conclusión: si no hago nada hoy,
mañana vendrán por mí, y me tocará la misma suerte que a los muchachos
guerrerenses? ¿No sé porque me desespero más, cuando miro la mansedumbre, el
silencio horrendo de mi pueblo, vivir todos los días como si viviera en paz?
Pero no escribiré un poema, ni un cuento, ni una frase de conduelo ¿Tiene
sentido ante tanta sangre derramada? ¿Tiene significado alguno decir Todos
somos ayotzinapa, mientras aquellos están en la calle y yo estoy aquí, en la Universidad
pensando esto que escribo? Tiene sentido, pregunto, tiene sentido?
2
¿Y
SI NO ESTÁN VIVOS?
¿Y si no están
vivos? ¿Y si nunca aparecen? ¿Se quedarán como desaparecidos como muchos otros?
¿Y nosotros qué haremos? ¿Apechugaremos este dolor profundo? ¿Y si sabemos que
ya están muertos? ¿Los velaremos como a cualquiera? ¿Lloraremos y después de
mitigar el dolor, haremos como si nada hubiera pasado? ¿Solamente juraremos que
su muerte será vengada, pero en el fondo sólo será un grito de dolor y solo eso?
¿O habrá otra respuesta más contundente? ¿Y si no hayan a los culpables, qué
haremos nosotros para encontrarlos? ¿Las madres y nosotros qué haremos ante
tanta barbarie? ¿Dejaremos todo eso al castigo de Dios? ¿Pero existe este señor
al que todos nombran? ¿Si lo hubiera porque no obra con su sapiencia universal
y castiga a los culpables, sin tener que salir a la calle, ni quemar palacios,
ni armarse de valor y de fusiles? ¿Por qué las cosas de los hombres sólo lo
resuelven los hombres? Entonces qué haremos, pregunto, si ya están muertos o
quedan siempre desaparecidos? ¿Qué haremos, hermanos de infortunio? ¿Qué
haremos para lograr justicia en este mundo gobernados por los ricos, que hoy
nos matan como gusanos? ¿Seguir esperando a que otros caigan para que ahora sí
nos levantemos juntos? ¿Qué haremos, hermano, amigo, contacto, cuando te toque
lo mismo que les hicieron a los estudiantes? ¿Qué haremos?
3
YO
ESTOY CON ELLOS
Yo estoy con ellos.
En dónde estén y como estén: vendados, torturados, con hambre y mucho sueño.
Estoy con ellos porque me han demostrado que no es posible estarse quieto
mientras otros mueren de hambre y de represión, porque me han demostrado que la
vida sin lucha por los demás, resulta indigna. Yo estoy con ellos, los jóvenes
que no están ahora, porque si estuvieran irían al frente, gritando Zapata vive,
la lucha sigue. Estoy con ellos porque son jóvenes y el futuro es de ellos,
aunque alguien desde las sombras, los mantenga escondidos. Sí, yo estoy con los estudiantes de Ayotzinapa y con los
del Poli, que exigen mejor educación y más presupuesto, estoy con todo aquel
que grita fuerte, en el salón y en las calles, frente al gobierno y frente al
rico: que la vida es de todos y para vivirla hay que respetarla, que no se
puede que el país crezca entregando los recursos naturales a los extranjeros,
que no se puede vivir sin educación laica, gratuita, científica y democrática,
que no se puede vivir reprimiendo la inteligencia y el futuro que representan
los jóvenes de México. Por eso yo estoy con ellos, los jóvenes desaparecidos y
los que ahora y en la tarde se unirán en las calles de todo el mundo para
demandar justicia y que aparezcan vivos. Por eso estoy con ellos, porque si no
lo estuviera, muerto estaría. Pero todavía no, por eso exijo como cualquiera de
nosotros: que aparezcan vivos o que el pueblo deponga a este gobierno por
haberlos masacrado.
4
¿QUÉ
ES PERDER UN HIJO?
Todavía
no sé qué es perder un hijo, que pobremente vaya a una escuela Normal,
queriendo ser distinto. Me supongo que si me pasara, el mundo completo me
caería encima. Me nublaría la mente y todo me confundiría. No sé si primero
derramaría una lágrima o dos, no sé qué haría al saberlo. Pero lo volvería a
ver caminando alegre rumbo a la escuela que le daría un futuro. Lo supongo
pensar lo bien que se sentiría cuando cumpliera su trabajo de enseñar las
primeras letras a los niños de su escuela. Lo imaginaría maestro ejemplar,
preocupado por sus niños, por su pueblo. También otras cosas como saber que bastó un instante para
perderlo. Bueno, eso no lo Imaginaría, lo sentiría amargo, profundo, lacerante.
Creo, supongo, que no tendría suficientes lágrimas para externar ese dolor.
Luego, cuando me enterara de la causa de su muerte: detenido, asesinado con un
tiro en la cabeza, enterrado en una fosa común, acusado de ser rebelde,
contestario, anarquista o simplemente estudiante que imaginaba un mundo justo
para todos; créanme, no me tragaría el dolor, lo vomitaría hasta que las penas
juntas salieran desde adentro, y me dieran un poco de tiempo para pensar lo que
siguiera. Desde luego, no sería la calma ni el sueño profundo. Sería, en
cambio, la agitación entre los míos, entre las familias de otros desaparecidos
que como yo sentirían el mismo dolor en las entrañas. Con ellos y con aquellos
que se armaran de valor, nos perderíamos en la selva de los montes y ciudades y
un día, cualquiera, como hoy o como siempre, saldríamos a la luz pública con un
manifiesto en contra de este gobierno que nos entierra en fosa común, que nos
masacra sin misericordia, que nos vende como espejos baratos en el mercado
mundial, que nos mata a nuestros hijos para apaciguarnos, para decirnos, quédense
callados o los próximos son ustedes. Pero ya no sería el puro grito, sino atrás
de ese manifiesto se movería la energía de un pueblo organizado, que saldría al
alba para conducir con nuevas luces este mundo, que hoy el narcoestado lo
destruye y nos quiere hacer crecer que es aislado. No sería un puro manifiesto
como tantos, atrás vendría un pueblo armado, con fusiles y con ideas para que
la sombra de mi hijo no muriera igual que todos, sino que fuera un ejemplo a
seguir en esta lucha. No, todavía no sé qué significa perder un hijo. Pero sí
sé cuál es el papel que me corresponde ahora: educar al pueblo para marchar con
mis hermanos a la conquista de la aurora, para frenar las oscuras horas de los
cuchillos largos del narco estado en el que vivo. Para que un día seamos libres
de la narco política y del crimen.

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