domingo, 30 de noviembre de 2014


AYOTZINAPA





1

¿TIENE SENTIDO?
¿No sé qué haremos ante tanto dolor social? ¿No sé qué caminos habría que labrar para quitar de una vez por todas lo que lacera por tanta madriza al alma? ¿No sé de qué modo decirle a la gente que no deberíamos esperar a que le toque a nuestro hijo caer bajo la bala asesina, sino prepararnos para evitarlo y luego fundar un nuevo país? ¿No sé de qué educación se tiene que constituir el pueblo para que razone tantito que las formas de morir de ahora, lesionan la dignidad? ¿No sé porque tanto me pregunto para llegar a la misma conclusión: si no hago nada hoy, mañana vendrán por mí, y me tocará la misma suerte que a los muchachos guerrerenses? ¿No sé porque me desespero más, cuando miro la mansedumbre, el silencio horrendo de mi pueblo, vivir todos los días como si viviera en paz? Pero no escribiré un poema, ni un cuento, ni una frase de conduelo ¿Tiene sentido ante tanta sangre derramada? ¿Tiene significado alguno decir Todos somos ayotzinapa, mientras aquellos están en la calle y yo estoy aquí, en la Universidad pensando esto que escribo? Tiene sentido, pregunto, tiene sentido?

2
¿Y SI NO ESTÁN VIVOS?
¿Y si no están vivos? ¿Y si nunca aparecen? ¿Se quedarán como desaparecidos como muchos otros? ¿Y nosotros qué haremos? ¿Apechugaremos este dolor profundo? ¿Y si sabemos que ya están muertos? ¿Los velaremos como a cualquiera? ¿Lloraremos y después de mitigar el dolor, haremos como si nada hubiera pasado? ¿Solamente juraremos que su muerte será vengada, pero en el fondo sólo será un grito de dolor y solo eso? ¿O habrá otra respuesta más contundente? ¿Y si no hayan a los culpables, qué haremos nosotros para encontrarlos? ¿Las madres y nosotros qué haremos ante tanta barbarie? ¿Dejaremos todo eso al castigo de Dios? ¿Pero existe este señor al que todos nombran? ¿Si lo hubiera porque no obra con su sapiencia universal y castiga a los culpables, sin tener que salir a la calle, ni quemar palacios, ni armarse de valor y de fusiles? ¿Por qué las cosas de los hombres sólo lo resuelven los hombres? Entonces qué haremos, pregunto, si ya están muertos o quedan siempre desaparecidos? ¿Qué haremos, hermanos de infortunio? ¿Qué haremos para lograr justicia en este mundo gobernados por los ricos, que hoy nos matan como gusanos? ¿Seguir esperando a que otros caigan para que ahora sí nos levantemos juntos? ¿Qué haremos, hermano, amigo, contacto, cuando te toque lo mismo que les hicieron a los estudiantes? ¿Qué haremos?

3
YO ESTOY CON ELLOS
Yo estoy con ellos. En dónde estén y como estén: vendados, torturados, con hambre y mucho sueño. Estoy con ellos porque me han demostrado que no es posible estarse quieto mientras otros mueren de hambre y de represión, porque me han demostrado que la vida sin lucha por los demás, resulta indigna. Yo estoy con ellos, los jóvenes que no están ahora, porque si estuvieran irían al frente, gritando Zapata vive, la lucha sigue. Estoy con ellos porque son jóvenes y el futuro es de ellos, aunque alguien desde las sombras, los mantenga escondidos. Sí, yo estoy  con los estudiantes de Ayotzinapa y con los del Poli, que exigen mejor educación y más presupuesto, estoy con todo aquel que grita fuerte, en el salón y en las calles, frente al gobierno y frente al rico: que la vida es de todos y para vivirla hay que respetarla, que no se puede que el país crezca entregando los recursos naturales a los extranjeros, que no se puede vivir sin educación laica, gratuita, científica y democrática, que no se puede vivir reprimiendo la inteligencia y el futuro que representan los jóvenes de México. Por eso yo estoy con ellos, los jóvenes desaparecidos y los que ahora y en la tarde se unirán en las calles de todo el mundo para demandar justicia y que aparezcan vivos. Por eso estoy con ellos, porque si no lo estuviera, muerto estaría. Pero todavía no, por eso exijo como cualquiera de nosotros: que aparezcan vivos o que el pueblo deponga a este gobierno por haberlos masacrado.

4
¿QUÉ ES PERDER UN HIJO?
Todavía no sé qué es perder un hijo, que pobremente vaya a una escuela Normal, queriendo ser distinto. Me supongo que si me pasara, el mundo completo me caería encima. Me nublaría la mente y todo me confundiría. No sé si primero derramaría una lágrima o dos, no sé qué haría al saberlo. Pero lo volvería a ver caminando alegre rumbo a la escuela que le daría un futuro. Lo supongo pensar lo bien que se sentiría cuando cumpliera su trabajo de enseñar las primeras letras a los niños de su escuela. Lo imaginaría maestro ejemplar, preocupado por sus niños, por su pueblo. También otras cosas  como saber que bastó un instante para perderlo. Bueno, eso no lo Imaginaría, lo sentiría amargo, profundo, lacerante. Creo, supongo, que no tendría suficientes lágrimas para externar ese dolor. Luego, cuando me enterara de la causa de su muerte: detenido, asesinado con un tiro en la cabeza, enterrado en una fosa común, acusado de ser rebelde, contestario, anarquista o simplemente estudiante que imaginaba un mundo justo para todos; créanme, no me tragaría el dolor, lo vomitaría hasta que las penas juntas salieran desde adentro, y me dieran un poco de tiempo para pensar lo que siguiera. Desde luego, no sería la calma ni el sueño profundo. Sería, en cambio, la agitación entre los míos, entre las familias de otros desaparecidos que como yo sentirían el mismo dolor en las entrañas. Con ellos y con aquellos que se armaran de valor, nos perderíamos en la selva de los montes y ciudades y un día, cualquiera, como hoy o como siempre, saldríamos a la luz pública con un manifiesto en contra de este gobierno que nos entierra en fosa común, que nos masacra sin misericordia, que nos vende como espejos baratos en el mercado mundial, que nos mata a nuestros hijos para apaciguarnos, para decirnos, quédense callados o los próximos son ustedes. Pero ya no sería el puro grito, sino atrás de ese manifiesto se movería la energía de un pueblo organizado, que saldría al alba para conducir con nuevas luces este mundo, que hoy el narcoestado lo destruye y nos quiere hacer crecer que es aislado. No sería un puro manifiesto como tantos, atrás vendría un pueblo armado, con fusiles y con ideas para que la sombra de mi hijo no muriera igual que todos, sino que fuera un ejemplo a seguir en esta lucha. No, todavía no sé qué significa perder un hijo. Pero sí sé cuál es el papel que me corresponde ahora: educar al pueblo para marchar con mis hermanos a la conquista de la aurora, para frenar las oscuras horas de los cuchillos largos del narco estado en el que vivo. Para que un día seamos libres de la narco política y del crimen.

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