sábado, 29 de noviembre de 2014


Tengo un sueño

Samuel Pérez García





Universitarios de la U.V. en el teatro de la ciudad durante una manifestación el 20 nov. 2014



Que la taza de café que me tomo todos los días a nadie le faltara; que el alimento que consumo estuviera en cada mesa, y fuera conseguido sin apremio o sin alguna violencia; que las escuelas se abrieran para todos los niños en edad escolar y que los maestros vieran en su trabajo no una manera de ganarse la vida, sino una actividad sin la cual no serían lo que son: profesores.
Que la ciudad estuviera limpia, el pavimento sin baches; que el pasaje no estuviera a la alza cotidianamente, que no faltara el empleo para nadie y que quien gobierna se apegara a la justicia, a buscar la igualdad entre todos, y que existiera la solidaridad con el desvalido siempre.
Tengo un sueño: el de no ver a los maestros jubilados ocupados en tarea que no son suyas, porque necesitan cubrir sus necesidades dado que la pensión no alcanza, pero en cambio otros, los de arriba: políticos y jueces, cobran miles de veces la pobre cantidad que un jubilado recibe; que las mujeres parturientas no sufrieran la carencia de cama y medicina cuando deben alumbrar un nuevo ser, y que éste, fuera recibido con alegría por todos sus parientes; que en este país que llamo México no hubiera tanta diferencia, ni tanto ladrón al acecho de un cargo público.
Que el salario no fuera tan exiguo y en un conflicto patronal, ganara el que tuviera la razón, y no el que fuera capaz de corromper a los magistrados de la Junta; que los diarios dijeran la verdad y se apegaran a los hechos y nos a las mentiras que inventan; que la lotería nacional no fuera tan engañosa, y de verdad la suerte bendijera a todos, que los candidatos a políticos no se eligieran por su dinero, sino por las buenas acciones que el hombre hubiera hecho, antes de ser elegido, que no se metiera al pueblo a la cárcel por exigir sus derechos ni hubiera tantos desaparecidos como hoy se sabe que están.
Pero mi realidad es diferente. Ninguno de mis sueños es posible. Por eso creo que ya deliro, y si no estoy loco, poco me falta para ello. Porque en mi país es todo lo contrario a mi sueño. En este país pequeño cada uno se rasca con sus propias uñas, y el que no es ladrón, es corrupto, y el que no es corrupto, es político, y el que no es político, es narcotraficante, porque en mi país, no hay otro modo de enriquecimiento. Aquí no sirve que seas buen maestro, excelente ingeniero, creativa cocinera, atento chofer de coche público, honesto mercader; aquí lo que cuenta son aquellos  oficios antes dichos, y que para serlo no hay que ir a escuela alguna, tal vez medio leer dos libros y medio saber tu propio idioma, pero sí tener muchas mañas para subir encima del otro y hacerte de dinero a manos llenas. Así es mi país y no hay otro mejor que él, aunque nadie concuerde conmigo.

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