El congreso ataca las consecuencias del conflicto actual, no la causa?
Cuando la protesta social
cunde en un país, toda ley que trate de detener amarrando la inconformidad
social, es como decirle al hijo joven y rebelde de que si no se aquieta, habrá
un duro castigo para él. Quien aplique la estrictez en estas condiciones de protesta
social, estará actuando como ese padre autoritario, en la que el hijo, a su
edad y en estado temerario, tarde o temprano se pasará la ordenanza por el arco
del triunfo. Inhibir con una ley la actual protesta social, sería ofrecer otro
pretexto más para que guerrilla sume adeptos más rápido como en ninguna otra
época, cuando proliferaron los grupos guerrilleros al cerrar el Estado la
posibilidad de cambiar al país por la vía electoral.
Por eso vale la pena una
pregunta: ¿Y cuando el pueblo forme su ejército guerrillero, con qué ley podrán
detenerlo? Con una ley antiguerrilla? Ya para qué. Pero en ese momento, el
gobierno será un cero a la izquierda porque en los territorios dominados, nadie
respetará las leyes que provengan de un Congreso opresor.
En lugar de ir a las
causas profundas que ha propiciado el estado de cosas, proceden como aquel
neófito investigador que confunde las consecuencias con las causas. Así para
que las consecuencias no sigan promulgan una ley, que sólo servirá para que
todos digan: lo vieron, ahora sí vivimos en una dictadura y si así es, todo se
pregunten cómo derribarla. Ni modo que con plegarias, ni modo que con
manifiestos suaves. A un estado de dominación jamás se le podrá derrocar así.
El pueblo lo sabe, la experiencia de México lo grita a cada hora. Sólo el
pueblo organizado y armado podrá derribar a los opresores, no para que los que
suban se conviertan en gobierno de igual calaña, como dijera el maestro Paulo
Freire, sino para crear las condiciones de hombres en proceso de su propia
liberación. O como dijo el Subcomandante Insurgente Marcos: hoy somos soldados
para que nuestros hijos no lo sean jamás. Al tiempo, diputados y senadores
vendidos y serviles.

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