HACE TIEMPO
Samuel Pérez García
Hace tiempo fui joven y estaba preocupado por las condiciones
de vida de la gente de mi alrededor, porque yo era parte de esa pobreza. Hace
tiempo, cuando era joven, me tuve que leer muchos libros que ofrecían un mundo
diferente, y lo hice porque el mío estaba desolado y era urgente cambiarlo. Las
elecciones las organizaba el gobierno y la ganaba siempre el organizador. Era
cuando el PRI era el partido mayoritario, y los demás, el PARM, EL PPS, le
hacían el juego al sistema. Casi igual como hoy el PAN, EL PRD, EL PVEM, EL
PANAL etc.
Hace tiempo cuando era joven como tú, desde luego, abracé la
música de mi tiempo, pero no olvidé que no vivía solo, sino en un mundo donde
había otros: ricos y pobres, y por mi condición social, me ubiqué al lado de
estos. Usé en su momento el lenguaje natural de los jóvenes, el cabello largo y
los pantalones acampanados. Y por esa condición, como si fuera natural, me
convertí en antisistema. No me gustaba el PRI, y por eso mis compañeros de
estudio cercano me miraban como raro. Es difícil pensar diferente cuando no se
adecua uno a la mayoría.
Hace tiempo que eso pasó, y no sigo olvidando mi condición
social anterior, ni tampoco las ideas que permearon mi conciencia. Me alineé
con todos aquellos que coreaban el mundo democrático, el mundo sin capitalismo,
un mundo más humano diríamos ahora. Porque antes ser comunista era lo
importante. Hoy ya no. Hoy lo importante es ser de izquierda. Y aunque dicen
que ser de izquierda es aspirar a profundizar la democracia y a ser honesto. Yo
pienso que ser de izquierda rebasa eso: Ser de izquierda es aspirar a un mundo
diferente al capitalismo salvaje en el cual vivimos. Ser de izquierda es ser
congruente con lo que pienso y quiero ser. Por ejemplo: al modo de Sócrates que
cuando era condenado a la muerte, sus amigos le insistieron en la fuga, él no
quiso. Prefirió morir a evadirse, porque eso, la fuga, lo pondría del lado de
los incongruentes, y no quiso parecer eso. El respeto a la ley en la vieja
Atenas era para Sócrates lo obligado, a pesar de que sabía que lo condenaban
injustamente.
Eso para mí es ser de izquierda: ser congruente con lo que
uno piensa y siente. Ser de izquierda es respetar las leyes, siempre y cuando
esas leyes emanen de la voz popular, de las costumbres del pueblo, pero no que
sean impuestas e injustas como las que ahora sabemos: que ahí están pero no se
respetan, y muchas de esas favorecen abiertamente a los dueños del capital.
Por eso digo que ser de izquierda es luchar contra esas
leyes. Ser de izquierda es defender en todo tiempo al desvalido, a que sufre
una injusticia, ser de izquierda es aprender a tolerar a otros aunque piensen
diferente, ser de izquierda es nunca usar al otro como objeto de los propios
intereses, ni tampoco reprimir violentamente al pueblo que protesta, sino
encontrar las causas que ocasionan la protesta y ofrecer alternativas de
solución, pero no oídos sordos como hoy proceden los gobiernos del PRI, del PAN
y de todos los colores partidarios.
Ser de izquierda es combatir la mala leche entre los que se
dicen de izquierda, pero actúan como si no lo fueran, porque si ven que sus
privilegios peligran inventan mañas y cometen tropelías con tal de conseguir un
cargo. Ser de izquierda es democratizar la vida social y política, es ayudar a
construir un puente que nos conduzca a cruzar el arroyo lleno de lagartos que
en toda práctica política existen, sea el color del partido que fuere, de la organización
civil que haya, porque la política no se hace con hombres abstractos, sino con
aquellos que tienen corazón y lengua, que son capaces de mentir con tal de
alcanzar sus propósitos inconfesables.
Esto no lo sabía de joven. Porque de joven no hay todavía la
experiencia de caminar. Se mira el mundo más fácil y brillante, nunca esperar
encontrar abrojos en el camino ni nublazones que te impidan ver. Y sin embargo,
el joven que no se atreve a caminar su propia senda, que no se atreve a pensar
otro mundo, no es un joven lleno de ideas y aspiraciones. Es un joven flaco y
vacío. Y con estos no llegaremos nunca a transformar el mundo. Queremos jóvenes
vitales, con ideas frescas, las propias de su juventud, pero con mucha acción y
dinamismo para que nos ayuden a cambiar el mundo. El mismo que soñé hace
tiempo. El mismo que quiero ahora: un mundo más humano, sin pobres, demasiados
pobres, sin ricos demasiados ricos. Tal vez algún día lleguemos a la sociedad
sin clases. Ojalá que los jóvenes me
ayuden en esa tarea. Morena va.

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