lunes, 9 de febrero de 2015

HEMOS ENCONTRADO FOSAS

Samuel Pérez García



Hemos encontrado fosas, pero no a los nuestros. Muchas fosas y todavía no hay razón de ellos. ¿A qué juegan cuando se ocultan de nuestros ojos? ¿A las escondidas? Pero ese juego cansa muy rápido, entonces, ya hubieran aparecido. Pero no están. Solo fosas. Y el llanto de las madres qué lejano las escucho; y el grito rebelde de los otros muchachos que rompen el silencio. Oigo otro grito, ese sí, clarísimo como el retumbo de un sol ardiente: el solitario grito de un dolor adentro. Muy adentro como para que no se oiga. Luego, vuelvo a la realidad y encuentro fosas y quebrantos, pero no a los muchachos que se perdieron en la noche y llevan muchos días sin aparecer. ¿Sabrán ellos, donde estén, que los buscamos? ¿Que su familia los busca y los necesita? ¿Sabrán que no se vale seguir escondidos y que sería mejor que aparecieran? ¿Qué manos extrañas los detienen? ¿Qué bala les laceró el alma como para que no aparezcan? ¿Alguien sabe? ¿Alguien tiene el grito más potente para que se oiga más lejano y ellos puedan escucharlo? Vivos se fueron, oigo que gritan, vivos los queremos, oigo que lloran las madres, los amigos de esos muchachos que se fueron una tarde de septiembre, cuando les dio por pensar desde las aulas, que no hay peor lucha que la que no se hace. Vivos se fueron, oigo que gritan; vivos los queremos, oigo que repiten, lo que hoy los buscamos en cada piedra, en cada cuarto, en cada árbol y juntamos todas las esperanzas para que aparezcan vivos como se los llevaron.

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