PEÑA
NIETO Y HERODES.
Samuel Pérez García UPN
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Los asesinatos cotidianos
de activistas en Iguala y en otras partes del país, evidencian que lo que está
ocurriendo es una lucha desigual entre un pueblo desarmado y un Estado que
bien, ha sido rebasado para contener la violencia o bien es él mismo quien la
propicia.
Presumo que la segunda
opción es la verdadera, porque quienes han caído bajo las balas criminales no
son ciudadanos cualquieras, sino activistas que están participando en la lucha
por encontrar a los 43 desaparecidos y a otros más que hace tiempo ya no están
entre la población común.
Tales condiciones
desiguales, pone en línea de tiro a todo aquel ciudadano que alce su voz contra
la violencia de todo tipo: criminal, represiva o de ladrón común. De ahí la
necesidad de reflexionar si vale la pena seguir insistiendo en ese método de
lucha, o pasar a otra etapa, donde la vida pueda cubrirse de tanta agresión a
mansalva.
El pueblo guerrense y los de otra región de México deben dejar un
rato las acciones y pasar a pensar qué conviene más: continuar como hasta ahora
o elegir una lucha más larga, pero cruenta.
Pues el asesinato de José
Ramón Bernabé Armenta y Norma Angélica Bruno, ambos activistas del movimiento
por Ayotzinapa, y jóvenes además, asesinados hace pocos días, tiene a todas
luces una estrategia de contrainsurgencia muy simple: muerto el perro se acaba
la rabia, la misma que se pensó cuando desaparecieron a los 43 estudiantes de
Ayotzinapa. Tal parece que Enrique Peña Nieto y sus secuaces de Guerrero tienen
el mismo pensamiento que en su tiempo pasó por la cabeza de Herodes I El grande
en la vieja región de Judea: el de matar a todos los niños recién nacidos para
acabar con aquel que había sido señalado como hijo de Dios. Cuenta un autor:
"Herodes actuó por
miedo: temía a Jesús niño a quien los magos de oriente designaron como el rey
de los judíos recién nacido: «Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y con
él toda Jerusalén» (Mateo 2:3). El poderoso tenía miedo de que lo nuevo pudiera
quitarle poder: «Herodes tenía poder sobre la tierra y sobre los hombres. Pero
éste no era la expresión de su fuerza interior, sino que estaba acuñado por el
miedo. Por él, asesina cruelmente a todos sus rivales [...] Por su temor hace
matar a todos los niños de hasta dos años de edad. Herodes está atrapado en su
miedo. Y su política, la que él ejerce, es una política de miedo. Y así difunde
por doquier a su alrededor únicamente terror. Los hombres que se aferran a su
poder por miedo abusan del poder. Y solo pueden mantener su reinado al infundir
miedo"
Así está el gobierno de
Peña Nieto: asesinar a todos los jóvenes, sobre todo si gozan de prestigio social o liderazgo. Tal
es su miedo de que en esos jóvenes se incube el germen de algún viejo sueño
revolucionario. Por eso que ocurre en todo el país: Distrito Federal, Iguala, y
por muchos lados: la sangre derramada es de jóvenes. Los mártires son los
jóvenes: el asesino es el Estado. Peña Nieto es el Herodes actual.


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