domingo, 19 de julio de 2015

PINCHE CHAPO, TE VOLVERÍAS A VOLAR LA BARDA.

Samuel Pérez García

Vergazo que le pusiste al gobierno al fugarte del penal de máxima seguridad. Al mundo completo le hiciste ver que la ingeniería tunelífera, made in Mexico, está a la altura de cualquier país extranjero. Imagínate que te nombraran director de Pemex, qué milagros harías con los pozos petroleros.
El puto presidente es un malagradecido porque bien debería reconocerte todo el ingenio que tienes para escalar grandes alturas, aunque a veces, por tu propia situación, hayan tenido que ser subterráneas. Y doblemente agradecido debería estar, pues todo mundo sabe que le financiaste la campaña, y mira que meterte al bote para ganarse aplausos de eficiencia en la seguridad nacional. No. Eso sí fue insoportable convertirte en turista provisional de Almoloya, porque te humilló exhibiéndote en las imágenes, bien agarrado por los tiras encubiertos.
Pero con tu sagacidad y lana que empezaste a botar por todos los rincones de la justicia mexicana, doblaste a Peña Nieto y le aguaste su viaje a la Francia de don Porfirio. Al mismo tiempo demostraste que la tesis de don Andrés Manuel sigue vigente: la corrupción, que a todos entinta, desde abajo y hasta arriba de la burocracia mexicana, y salpica hasta el menos pensado. La corrupción es una cultura muy propia de México, que se heredó de los españoles desde 1521. Y tú, su gran propagador, al demostrar que no hay cárcel que te detenga, mientras la corrupción exista.
Tu fuga me recordó al cocacolero Fox, cuando en el 2001 te fugaste de Puente Grande en un camión de ropa sucia o de basura. Ahí todavía estabas pequeño, y no pasaste de ser más que una pinche coincidencia. Pero ahora, maestro, te volaste la barda, porque aquella vez el pinche PRI no bajó de corrupto al PAN, y ahora le regresaste la cachetada bien cargada: tú fuga, Chapo, bien merece un aplauso por varias razones:
a)   Demostró que la justicia mexicana tiene su filón de oro en la corrupción;
b)   Que esa corrupción alcanza niveles de galaxias lejanas y no solo al barato policía de vecindad;
c)   Que la ingeniería mexicana tiene sobrados reconocimientos en el área de túneles;
d)   Que por tu segunda fuga mereces que te lleven a Hollywood para que filmes tu experiencia en las drogas y las fugas, y chance hasta Iñárritu se apunte como director y guionista.
e)   Que tu nombre aparecerá como el único hombre que se fugó del penal más celebrado porque expresaba la última moda de seguridad presidiaria, y que tú, le diste en tuta la madre.
Eres famoso chapo, y vales un chingo: sesenta millones de pesos por un informe tuyo. Ni Peña Nieto con su gaviota han alcanzado tanto nivel de valía. Pinche Chapo, te volaste la barda. Oye, psss y si te chingas al Peña? ¿Te atreverías alcanzar más fama de la que ya tienes? ¿Cuánto crees que costaría abatir su círculo de seguridad? Pinche Chapo, te volverías a volar la barda.



EN TORNO A LA RAZÓN DE NUESTRA POBREZA

Samuel Pérez García

Acostumbrados a mirar los conflictos desde una perspectiva positivista bastante limitada, en un conflicto social hablamos de usuarios y propietarios, o de vendedores ambulantes contra un nivel de gobierno establecido, o de empleados y patrones. Decimos también que el pueblo es el que manda y el gobierno debe obedecer. Pero nunca nos referimos, salvo raras excepciones, a esa estratificación social que originada en el modo como la sociedad se organiza para producir, crea grandes diferencias económicas que rebasa lo imaginable: un gran grupo de empobrecidos materialmente, y otro reducido, quien aprendió a disfrutar la vida en opulencia.
Esta diferencia ha ocasionado diferentes mecanismos  para seguirla sosteniendo en el imaginario social: económicos, culturales, educativos, políticos e ideológicos, incluso religiosos, unos tan sutiles que ni se notan. De ese modo, los pobres razonamos la pobreza en términos ajenos a las reales causas de nuestra condición: no por el modo de hacernos producir, sino a otras cualidades, que si bien están allí no son determinantes, por ejemplo: la flojera, la irresponsabilidad, la falta de conciencia, el no haber estudiado alguna profesión, o simplemente haber nacido pobre. Y a los de arriba, los vemos como todo lo contrario: trabajador, responsable, con iniciativa e inteligencia, estudioso de su entorno, pero sobre todo haber nacido en una familia opulenta. En ese sentido, la diferencia de que unos sean más que otros, en términos de economía, se debe a cualidades que dependen de nuestra propia manera de ser. No hay ahí ninguna otra lógica explicativa. Frente a eso, se dice, hay que concientizarnos cultural y educativamente para elevarnos a otro nivel económico. Y entonces, nos hacen creer –cuando jóvenes somos- el sueño que estudiando una profesión dejaremos de ser pobres, pero aunado a esto se nos induce que al mismo tiempo, recibamos unos cursos para gente emprendedora para que tengamos iniciativa, nos hagamos responsable, que es donde entra a funcionar Miguel Ángel Cornejo y sus cápsulas motivantes para forjar espíritus con iniciativa del que México requiere.
Al obrar así, lo único que se realiza es ocultar la realidad, porque en lugar de atacar la causa del problema, se ataca las consecuencias, quiero decir, atacamos la supuesta causa de la falta de riqueza, pero no la real, pues un grupo o un individuo puede recibir los mejores cursos de motivación y asistir a la UNAM para formarse en alguna área de la ciencia, pero no por eso brincará al nivel de Carlos Slim, o superará la medianía de su condición económica. Tal vez nos avispemos mejor, pero seguiremos engrosando la fila de los empobrecidos, aunque con otro formato: nuestra pobreza y esclavitud se medirá en términos de ya no vivir en un barrio marginado, pero sí nuestra casa será de Infonavit, comprada a crédito, pequeña y a la medida de las posibilidades, pero ahora, peor todavía, nos nacerá la idea que ya la hicimos. Así, nos creemos haber escalado otro nivel y eso nos conducirá a oponernos tajantemente cuando otros más pobres bloqueen una calle, una carretera y no nos dejen llegar a tiempo a la fábrica donde día con día nos explotan la última gota de sangre, que con magros alimentos reproducimos todos los días.
Esto sucede porque nunca se nos hizo ver que la causa de la pobreza o de la riqueza no es la escuela a la que haya asistido o con quienes nos relacionemos, sino el modo cómo nos incrustamos en el modo de producción. Y en este modo, sólo hay dos vías de incrustación: ser asalariado o ser capitalista. En el modo como nos ubiquemos está el secreto. Si somos asalariado estamos obligado a trabajar –entregando en prenda la plusvalía que producimos al patrón- y si somos capitalistas, a exigir que esa plusvalía no baje su nivel.
De aquí deviene, que si el patrón nos aumenta un peso al salario, entonces, o bien exige que se produzca más para recuperar ese peso, o bien le incrementa ese peso al producto, porque su consigna es nunca perder la taza de plusvalía que proyectó.
Sin embargo, para que eso funcione mejor, se crean los mecanismos justificadores, que en otro nivel de percepción de la realidad, se llama ideología, y ésta no es más que argumentos que pretenden convencer a ambas partes de que la medida tomada beneficiará a todos. Son justificaciones cuyo fin no es más que introducir la resignación a  seguir permaneciendo igual. En este caso, no sólo entra el argumento político, sino el jurídico, el religioso, es decir, toda esa serie de formas de razonamiento que intentan convencer de que se sigamos reconociendo que, la vida está mejor, pero estuviera más si no existiera esa diferenciación de extracción de la riqueza, que a unos los mantiene pobres, y a otros ricos. Pero cómo no la podemos cambiar, hay que irse a bailar el fin de semana, y seguir con la jodidez. Vaya manera de pensar, que  en lugar de poner la mente a funcionar para romper el mecanismo real, damos pie para evadir esa responsabilidad histórica de romper la cadena. Veremos qué pasa después.



domingo, 12 de julio de 2015

jueves, 9 de julio de 2015

miércoles, 27 de mayo de 2015

EL COLOR DE LA ESPERANZA


PROPUESTA MORENISTA


TARDÍA REFLEXION


Samuel Pérez García

Sí un día me ves
Sin el ánimo de siempre
Decaído y mal vestido
No pienses que estoy enfermo
Es que me equivoqué otra vez

Pero ya entendí
Lo que debo hacer:
Rayaré en nulo o pondré una leyenda
"Chinguen a su madre todos los partidos"
De mi no se burlarán otra vez

Mucho tiempo después
Un hombre caminaba desanimado
Con zapatos viejos y camisa deshilachada
En un barrio de la ciudad, cuando de pronto sus ojos
Se encontraron con un cartel de Peña Nieto que decía:
Gracias a ustedes México sigue adelante.
Y en el noticiero del día, el locutor anunciaba los avances del sistema: aumentamos 5% al salario; al privatizar el agua la economía de los empresarios ha mejorado, con los consorcios extranjeros hemos producido más petróleo, la gasolina subió, pero hemos puesto una gasolinera en cada barrio para que los automovilistas no tengan que ir tan lejos, todos pueden ir a las escuelas privadas más cerca de la localidad...
Entonces se acordó de eso que había escrito:
Si un día me vez
Sin el ánimo de siempre
Decaído y mal vestido
No pienses que estoy enfermo
Es que me equivoqué otra vez.
Al rayar nulo, lo que hice fue votar para que siguiera el PRI.


ENTRE ANULISTAS, ABSTEMIOS Y VOTANTES EFECTIVOS

Entre anulistas, abstemios y votantes efectivos

Samuel Pérez García


Los ciudadanos de México, lo que andan a pie,  por las elecciones nos hemos dividido en tres: anulistas, abstemios y votantes efectivos. Los primeros, no son seres de otro mundo, sino igual de pobres que nosotros, pero piensan que todos los partidos son iguales y que chingue su madre el sistema, que ya los engañaron una vez, pero no otra. Los abstemios son descreídos a quienes el sistema ha formado a base de educación y ejemplo. Son un gran conglomerado que nunca vota, pero vive igual de jodido como nosotros.
Por eso, los que votamos, pensamos que si la gente no sale a votar ganará el sistema con su voto duro, y más todavía, si los anulistas votan con ese fin, o si la gente no sale a votar por pereza política o desconfianza.
Los anulistas piensan que votando así, ya fregaron el sistema, por eso éste ruega que sean muchos los anulistas, y más los que no salgan a votar. A río revuelto, ganancia del pescador dinosaurio.
De ahí que los votantes efectivos temamos que todo sea así como dicen los anulistas y los abstemios, porque si los priístas ganan, menudas reformas nos esperan: el agua privatizado, la salud privatizada, las pensiones anuladas, y así, un carrusel de malas medidas para el pueblo, los anulistas y los abstemios. Y ojalá que cuando venga todo eso, los dos últimos se pusieran  doblemente de contentos, como el burro con su cargamento. Pero no es así. Ellos también sufrirán las consecuencias.

Frente a este drama desolador, prevenir es lo mejor: salgamos a votar por la única esperanza, para que no la roben. Votemos por Morena y Andrés Manuel López Obrador. Ejerzamos el voto y defendámoslo en la casilla hasta donde se pueda, pacíficamente. Debemos ganar porque en caso contrario, el infierno devendrá para todos, no sólo para los anulistas y abstemios. Luchemos, pues a brazo partido. Morena va.

DIALOGO CANTINERO


Samuel Pérez García

-Chale, carnal, yo no salgo a votar, ni madres, caón.
-Si caón, pinche sistema, de todos modos gana el prian
-Pues yo voy por Morena, y ni me lancen puyas que no convencen.
-Pues yo voy por el nulo, para refregarle al sistema su pendejez
-Tu nulo ya sabes por donde lo metes, caón, porque lo único que harás es querer más a tu cogedor.
-Nel, qué cogedor ni qué, soy caón y deambulo  con el nulo, pero no hago lo que tú dices.
-Y los gasolinazos, el aumento del gas, de la merienda, los vas a bajar de precio rayando nulo?
-Y tú lo vas a resolver con dos o tres diputados que ganes, si son quinientos, harán papilla a los de morena
-Pero nosotros le apostamos a muchos, no a dos o tres, claro si el pueblo sale a votar
-Si saldrá pero por el nulo
-El nulo ya sabe por dónde entra, caón.
-no sigas albureando que estamos dialogando en serio la situación
-Bueno, yo por eso ni voto, nunca he votado, pinche sistema de mierda
-Sólo eso sabes decir
-Eso me enseñó mi papa y mi abuelo, “para que no se burlen de ti, no votes” me decían.
-No votes para que te sigan chingando los impuestos, el alto precio de la tortilla y del metro y urbanos, para que sigas jodido pero contento, ya chole, caón.
- Si no quieres eso, marca en la boleta a Morena.
-Que no
-Que sí
- Bueno, un relax, a ver la pose para el Facebook, caón.


SI ME DICEN


viernes, 1 de mayo de 2015

lunes, 9 de marzo de 2015

AGUA, EL NUEVO ORO MEXICANO

AGUA, EL NUEVO ORO MEXICANO
Samuel Pérez García




Cuando los españoles nos conquistaron no venían a saludarnos ni para saber cómo vivíamos. Llegaron por el oro y la plata que para ellos ya era moneda de cambio, pues vivíamos en la mentada economía mercantilista. Tener oro en lingotes, era lo mismo o superior a lo que el señor feudal lo distinguía: sus grandes posesiones, las cuales explotaba con la mano de obra sierva. En toda la vieja américa la minería fue una de las economías que distinguieron a los nuevos países en formación.
Pero nunca el agua. Ésta como elemento vital para el género animal, vegetal y humano no tenía esa importancia que hoy tiene. Por donde quieran que pasaran los viejos conquistadores encontraban agua, abundante pescado y todo lo que aquel elemento hídrico podía generar.
Pero nació la industria con sus revoluciones tecnológicas, unos siglos después, y el agua contaminada fue siendo una de las consecuencias más inmediatas, sumados al mal aire, a la salud de la gente. Ahí donde una industria se establecía, comenzaban los problemas al ambiente: aire, agua, vida animal y vegetal.
Si bien a la sociedad de nuestro tiempo, la industria le produjo un alivio temporal porque ofrecía trabajo  a los obreros, eso no resolvía las necesidades a largo plazo que esta nueva clase social exigía para vivir bien. Así comenzó la lucha entre obreros y capitalistas, cada uno peleando su propia parcela en el proceso de producción hoy vigente.
Los obreros asalariados, preocupados por su modo de vida, y vacíos de una concepción que les esclareciera su situación existencial en esa etapa, pudieron preocuparse apenas por pedir, como una especie de favor, que los patrones o su gobierno, los ayudaran a superar tantas penas sufribles: hacinamiento, insalubridad, exigua paga y muchas horas de trabajo (18 horas para los primeros obreros). Los capitalistas, por supuesto, aliándose al gobierno para evitar que aquellos los despojaran de su ganancia absoluta.
Hasta que apareció en el siglo XIX el adalid de la clase obrera, quien en su Manifiesto del Partido Comunista y en su obra máxima El capital, explicó con claridad meridiana, cuáles eran realmente las causas del porqué de tanto sufrimiento de los obreros modernos. El quid no estaba en su apatía o indolencia, o su creencia en un Dios misericordioso, sino en la injusta distribución de la plusvalía. El patrón, al convertir en dinero la mercancía producida, repartía el costo del producto en tres partes: un tercio era para recuperar la inversión de la maquinaria y la materia prima, otra para salarios, mediante el cual el obrero  se podría reproducir como obrero, y una tercera, la plusvalía, que era la ganancia del inversor capitalista, y con la cual se quedaba para sí solo. Es decir, mientras que éste ganaba, el otro perdía. Al esclarecerse eso, la lucha ya no fue contra las máquinas, que desplazaban a los obreros de su fuente de trabajo, sino contra los propios capitalistas, quienes bañaron en sangre a quienes se atrevieron a desafiarlos. En estas luchas que tanto se distinguió el siglo XIX y XX, el agua nunca apareció como demanda fundamental de la clase obrera.
Ni tampoco para los propios capitalistas, pues el agua era abundante. A nadie se le ocurrió que siglos después, el agua sería una de las mercancías más preciadas. En efecto, hoy el agua ya no es una simple fuerza productiva que la naturaleza ofrece. Ahora el agua es una mercancía como cualquier otra. Y al serlo así, juega su papel en el mercado, entra a ser parte de la oferta y la demanda, según sea su abundancia o su escasez, según sea su necesidad y su uso. Además, su precio no baja como otras mercancías, al contrario va subiendo como la espuma. Esto se debe a que es una mercancía con ciertas cualidades que no tienen otras: expresa la vida misma, lo que ninguna  otra puede tener de cualidad. He ahí su valor agregado, independientemente de su embotellamiento o entubamiento, o el uso industrial que se le dé.
 Al expresar la vida misma, el agua tiene un valor y si le agregas un proceso de trabajo, pues incrementa ese valor.
Hoy, ese producto ha venido encareciéndose no tanto por su valor agregado o por el uso que se le dé, sino debido a su escasez. Agua significa vida, pero este elemento, debido al proceso de industrialización de los países y al propio calentamiento global (consecuencia esta de la industrialización, aumento de la población y deforestación) ha venido menguando en sus vertederos naturales, lo cual hace que para tenerla disponible requiera mayor inversión para traerla a los domicilios caseros o industriales, lo que exige elevar su costo ante el usuario.

No sólo eso, sino que los nuevos procesos de extracción de materia prima para la industria, el famoso gas shale, que quieren conseguir del subsuelo profundo, requiere para extraerlo abundante agua, por lo que, los gobiernos de cada país, representantes directos de la clase industrial imperialista, han propuesto, tal es el caso México, reformar sus leyes para que el agua sea privatizada, es decir, para que cualquiera que necesite agua, sea para el uso que fuera, pueda tener acceso con ello, si cumple con algún contrato de inversión. Y no importa si al usarla contamine los mantos freáticos, lo que importa es que pueda extraerse el gas, y éste, a su vez, juegue su papel en la industria como generador de energía y calor. He aquí entonces la preocupación del gobierno mexicano para iniciar la privatización del agua. Por eso su iniciativa legal que ha promovido en el Congreso Federal. Dar comienzo a privatizar el agua, que no será solo para uso industrial, sino que el agua usada para consumo humano, hoy en manos de organismos gubernamentales, pasará a ser veta de ganancia fija para quienes se apoderen de las actuales Centros Estatales y Municipales de Agua y Saneamiento. Bajo la estrategia de un uso industrial, tendrán con la ley que aprueben los congresistas, la posibilidad de que los inversionistas nacionales y extranjeros nos cobren el agua, no a precio normal, sino en oro. De tal modo, que si ya tenemos a un Carlos Slim que se hizo rico con Teléfonos de México, mañana tendremos a otro tipo igual o peor, que se haga multimillonario gracias al agua que consumamos. ¿será posible? Sí, en México todo se puede, si se pudo crear el mito de la aparición de la virgen de Guadalupe, cómo no se podrá con el agua hacer una minita de oro. Por eso Morena va contra esa ley privatizadora.

LA POLITICA DEL CHALECO


sábado, 14 de febrero de 2015

PEÑA NIETO Y HERODES

PEÑA NIETO Y HERODES.
Samuel Pérez García UPN 305

Los asesinatos cotidianos de activistas en Iguala y en otras partes del país, evidencian que lo que está ocurriendo es una lucha desigual entre un pueblo desarmado y un Estado que bien, ha sido rebasado para contener la violencia o bien es él mismo quien la propicia.
Presumo que la segunda opción es la verdadera, porque quienes han caído bajo las balas criminales no son ciudadanos cualquieras, sino activistas que están participando en la lucha por encontrar a los 43 desaparecidos y a otros más que hace tiempo ya no están entre la población común.
Tales condiciones desiguales, pone en línea de tiro a todo aquel ciudadano que alce su voz contra la violencia de todo tipo: criminal, represiva o de ladrón común. De ahí la necesidad de reflexionar si vale la pena seguir insistiendo en ese método de lucha, o pasar a otra etapa, donde la vida pueda cubrirse de tanta agresión a mansalva.
El pueblo guerrense  y los de otra región de México deben dejar un rato las acciones y pasar a pensar qué conviene más: continuar como hasta ahora o elegir una lucha más larga, pero cruenta.
Pues el asesinato de José Ramón Bernabé Armenta y Norma Angélica Bruno, ambos activistas del movimiento por Ayotzinapa, y jóvenes además, asesinados hace pocos días, tiene a todas luces una estrategia de contrainsurgencia muy simple: muerto el perro se acaba la rabia, la misma que se pensó cuando desaparecieron a los 43 estudiantes de Ayotzinapa. Tal parece que Enrique Peña Nieto y sus secuaces de Guerrero tienen el mismo pensamiento que en su tiempo pasó por la cabeza de Herodes I El grande en la vieja región de Judea: el de matar a todos los niños recién nacidos para acabar con aquel que había sido señalado como hijo de Dios. Cuenta un autor:
"Herodes actuó por miedo: temía a Jesús niño a quien los magos de oriente designaron como el rey de los judíos recién nacido: «Al enterarse, el rey Herodes se sobresaltó y con él toda Jerusalén» (Mateo 2:3). El poderoso tenía miedo de que lo nuevo pudiera quitarle poder: «Herodes tenía poder sobre la tierra y sobre los hombres. Pero éste no era la expresión de su fuerza interior, sino que estaba acuñado por el miedo. Por él, asesina cruelmente a todos sus rivales [...] Por su temor hace matar a todos los niños de hasta dos años de edad. Herodes está atrapado en su miedo. Y su política, la que él ejerce, es una política de miedo. Y así difunde por doquier a su alrededor únicamente terror. Los hombres que se aferran a su poder por miedo abusan del poder. Y solo pueden mantener su reinado al infundir miedo"

Así está el gobierno de Peña Nieto: asesinar a todos los jóvenes, sobre todo  si gozan de prestigio social o liderazgo. Tal es su miedo de que en esos jóvenes se incube el germen de algún viejo sueño revolucionario. Por eso que ocurre en todo el país: Distrito Federal, Iguala, y por muchos lados: la sangre derramada es de jóvenes. Los mártires son los jóvenes: el asesino es el Estado. Peña Nieto es el Herodes actual.

lunes, 9 de febrero de 2015

HACE TIEMPO
Samuel Pérez García





Hace tiempo fui joven y estaba preocupado por las condiciones de vida de la gente de mi alrededor, porque yo era parte de esa pobreza. Hace tiempo, cuando era joven, me tuve que leer muchos libros que ofrecían un mundo diferente, y lo hice porque el mío estaba desolado y era urgente cambiarlo. Las elecciones las organizaba el gobierno y la ganaba siempre el organizador. Era cuando el PRI era el partido mayoritario, y los demás, el PARM, EL PPS, le hacían el juego al sistema. Casi igual como hoy el PAN, EL PRD, EL PVEM, EL PANAL etc.
Hace tiempo cuando era joven como tú, desde luego, abracé la música de mi tiempo, pero no olvidé que no vivía solo, sino en un mundo donde había otros: ricos y pobres, y por mi condición social, me ubiqué al lado de estos. Usé en su momento el lenguaje natural de los jóvenes, el cabello largo y los pantalones acampanados. Y por esa condición, como si fuera natural, me convertí en antisistema. No me gustaba el PRI, y por eso mis compañeros de estudio cercano me miraban como raro. Es difícil pensar diferente cuando no se adecua uno a la mayoría.
Hace tiempo que eso pasó, y no sigo olvidando mi condición social anterior, ni tampoco las ideas que permearon mi conciencia. Me alineé con todos aquellos que coreaban el mundo democrático, el mundo sin capitalismo, un mundo más humano diríamos ahora. Porque antes ser comunista era lo importante. Hoy ya no. Hoy lo importante es ser de izquierda. Y aunque dicen que ser de izquierda es aspirar a profundizar la democracia y a ser honesto. Yo pienso que ser de izquierda rebasa eso: Ser de izquierda es aspirar a un mundo diferente al capitalismo salvaje en el cual vivimos. Ser de izquierda es ser congruente con lo que pienso y quiero ser. Por ejemplo: al modo de Sócrates que cuando era condenado a la muerte, sus amigos le insistieron en la fuga, él no quiso. Prefirió morir a evadirse, porque eso, la fuga, lo pondría del lado de los incongruentes, y no quiso parecer eso. El respeto a la ley en la vieja Atenas era para Sócrates lo obligado, a pesar de que sabía que lo condenaban injustamente.
Eso para mí es ser de izquierda: ser congruente con lo que uno piensa y siente. Ser de izquierda es respetar las leyes, siempre y cuando esas leyes emanen de la voz popular, de las costumbres del pueblo, pero no que sean impuestas e injustas como las que ahora sabemos: que ahí están pero no se respetan, y muchas de esas favorecen abiertamente a los dueños del capital.
Por eso digo que ser de izquierda es luchar contra esas leyes. Ser de izquierda es defender en todo tiempo al desvalido, a que sufre una injusticia, ser de izquierda es aprender a tolerar a otros aunque piensen diferente, ser de izquierda es nunca usar al otro como objeto de los propios intereses, ni tampoco reprimir violentamente al pueblo que protesta, sino encontrar las causas que ocasionan la protesta y ofrecer alternativas de solución, pero no oídos sordos como hoy proceden los gobiernos del PRI, del PAN y de todos los colores partidarios.
Ser de izquierda es combatir la mala leche entre los que se dicen de izquierda, pero actúan como si no lo fueran, porque si ven que sus privilegios peligran inventan mañas y cometen tropelías con tal de conseguir un cargo. Ser de izquierda es democratizar la vida social y política, es ayudar a construir un puente que nos conduzca a cruzar el arroyo lleno de lagartos que en toda práctica política existen, sea el color del partido que fuere, de la organización civil que haya, porque la política no se hace con hombres abstractos, sino con aquellos que tienen corazón y lengua, que son capaces de mentir con tal de alcanzar sus propósitos inconfesables.

Esto no lo sabía de joven. Porque de joven no hay todavía la experiencia de caminar. Se mira el mundo más fácil y brillante, nunca esperar encontrar abrojos en el camino ni nublazones que te impidan ver. Y sin embargo, el joven que no se atreve a caminar su propia senda, que no se atreve a pensar otro mundo, no es un joven lleno de ideas y aspiraciones. Es un joven flaco y vacío. Y con estos no llegaremos nunca a transformar el mundo. Queremos jóvenes vitales, con ideas frescas, las propias de su juventud, pero con mucha acción y dinamismo para que nos ayuden a cambiar el mundo. El mismo que soñé hace tiempo. El mismo que quiero ahora: un mundo más humano, sin pobres, demasiados pobres, sin ricos demasiados ricos. Tal vez algún día lleguemos a la sociedad sin clases.  Ojalá que los jóvenes me ayuden en esa tarea. Morena va.
La subversión

Samuel Pérez García


Subvertir algo es darle la vuelta a un objeto o a un hecho de tal modo que si estaba de pie, lo ponemos de cabeza y viceversa. El propio concepto apunta a que lo que subvierte viene de abajo, está abajo, vive abajo y de ahí se eleva en dirección a lo que apunta. Por eso todo pensamiento es subversivo porque está encerrado en el cerebro, y cuando se externa, sea cual sea la palabra o la frase, irradia su luz y transforma. La primera palabra o el sonido gutural del primer hombre fue por naturaleza subversiva para el otro que estaba a su lado. Con el tiempo, el proceso de trabajo fue modificando la constitución biológica de ese hombre hasta que pudo, por fin, inventar su habla, y muchísimos años después la escritura, y cada una en su debido tiempo fue subversiva.
Ahora bien, las propias relaciones sociales constituidas desigualmente por el propio hombre, ya diferenciado clasistamente, se convierten en subversivas porque colocan a uno arriba y a otro abajo, a uno lo hace rico y a otro mendigo, a uno lo hace poderoso y a otro débil; sin embargo, toda relación es relativa y no absoluta, porque la vida como toda vida resulta abiertamente subversiva: nadie, por lo que sé, está conforme con su vida ni con la del otro, precisamente, a raíz de la desigualdad que se crea en el proceso de relaciones sociales productivas. De ahí que por eso Marx dijo alguna vez que la burguesía lo único que hacía al concentrar toda la riqueza, era crear sus propios sepultureros, es decir, estaba creando a una clase obrera que, se ha ido desparramando por toda la tierra, con sus matices y niveles, por supuesto, donde la gran mayoría vive en la penuria permanente. Desde luego, esa relación injusta en la que los hombre viven, no es punto de reflexión para todos, sino de unos cuantos, de ahí que esos cuántos si enfocan sus conocimientos y acciones a la lucha por conseguir relaciones sociales productivas más justas, se convierten en declaradamente subversivos.
Pero para que su pensamiento y acciones sean de esa naturaleza deben ser compartidos con los de abajo, llegar al diálogo con ellos para explicarles la razón de la pobreza material y mental, la razón del olvido social en el cual viven, la razón de su enflaquecimiento cultural. Acción ésta muy difícil porque ese dialogo requiere darse dentro de un proceso educativo de gran alcance y permanente, que busque, desde luego, la subversión de las relaciones, no la mera aculturación y el quietismo, pues hay de educación a educación: una es empleada para domesticar a los de abajo, y otra, la que apunta a la subversión, busca su liberación, dijera Paulo Freire.
Pensando en esto de la subversión, pienso que hoy el acto más subversivo lo constituye el voto ciudadano. Una acción que si lo analizamos no vale nada si se mira toscamente: un domingo cualquiera la gente se levanta, acude a la urna y vota. Nada de raro tiene esto en un país que usa la votación como criterio para cambiar a sus representantes.
Pero cambia  de carácter si el ciudadano al acudir a colocar su voto en la urna, no lo hace por los mismos sino por otro, el menos esperado, siempre que haya sido piedra en el zapato del sistema. Es decir, por aquellos representantes, cuyo proyecto está en derrocar el sistema imperante. Si así sucede, una acción tan simple como la de ir a depositar el voto, convierte al ciudadano en subversivo por antonomasia. Sin embargo, como ya dije, la educación recibida por esos ciudadanos, no ha sido enfocada a liberarlos de ideas retrógradas, sino los han educado para seguir manteniendo la carga del sistema, para que sigan pensando que la pobreza es una cualidad natural de la mayoría, y para reforzarles esa idea, el gobierno llega con ellos y les regala despensas o les da alguna medicina, tal vez hasta televisores, entonces, el ciudadano de abajo, cuyo potencial revolucionario ha sido achatado a través de una educación lenta y permanente, piensa que el gobierno es bueno y por eso debe seguir votando por él. Al pensar así, la cualidad subversiva del ciudadano aguarda otro tiempo mejor, salvo que otros más avispas, más enjundiosos, se encarguen de organizarlos e ilustrarlos de que la fuerza de los de abajo está en la organización partidaria, en la organización comunal, en la organización civil y que la fuerza para romper las cadenas que los aferran, es el voto de cualquier domingo.

Ilustrarles con esta idea, conminarlos a cambiar las ideas añejas que los atan y los postran frente al sistema, hacerles sentir la fuerza que son si se organizan, es el hecho más subversivo que pueda existir. Por eso, el Estado mexicano le teme a los jóvenes y a todo aquellos que hablar de cambiar el orden de cosas, pero sobre todo a aquellos que digan que con el voto es posible el cambio verdadero, la subversión plena: que los de arriba bajen al canal de desague social, y los de abajo suban a plantarse en el trono del gobierno para que éste sirva al pueblo. Pero si esto no basta, también hay que decirles, que si al voto le sumamos la desobediencia civil, podemos convertirnos mañana en el ariete necesario para fundar una nueva República. Hagamos la prueba, insistamos. Ese es nuestro camino en este remedo de Republica en la cual vivimos. Seamos la piedra en el zapato del sistema. Adelante compañeros. Demósle de palos al orden. Allanemos su regia morada para que entren los pobres a ser los dirigentes. Morena va, lo quieran o no.

HEMOS ENCONTRADO FOSAS

Samuel Pérez García



Hemos encontrado fosas, pero no a los nuestros. Muchas fosas y todavía no hay razón de ellos. ¿A qué juegan cuando se ocultan de nuestros ojos? ¿A las escondidas? Pero ese juego cansa muy rápido, entonces, ya hubieran aparecido. Pero no están. Solo fosas. Y el llanto de las madres qué lejano las escucho; y el grito rebelde de los otros muchachos que rompen el silencio. Oigo otro grito, ese sí, clarísimo como el retumbo de un sol ardiente: el solitario grito de un dolor adentro. Muy adentro como para que no se oiga. Luego, vuelvo a la realidad y encuentro fosas y quebrantos, pero no a los muchachos que se perdieron en la noche y llevan muchos días sin aparecer. ¿Sabrán ellos, donde estén, que los buscamos? ¿Que su familia los busca y los necesita? ¿Sabrán que no se vale seguir escondidos y que sería mejor que aparecieran? ¿Qué manos extrañas los detienen? ¿Qué bala les laceró el alma como para que no aparezcan? ¿Alguien sabe? ¿Alguien tiene el grito más potente para que se oiga más lejano y ellos puedan escucharlo? Vivos se fueron, oigo que gritan, vivos los queremos, oigo que lloran las madres, los amigos de esos muchachos que se fueron una tarde de septiembre, cuando les dio por pensar desde las aulas, que no hay peor lucha que la que no se hace. Vivos se fueron, oigo que gritan; vivos los queremos, oigo que repiten, lo que hoy los buscamos en cada piedra, en cada cuarto, en cada árbol y juntamos todas las esperanzas para que aparezcan vivos como se los llevaron.

Invitación Taller Electoral en línea Morena





Aquí hay un curso de capacitación electoral para que los que quieran conocer sus derechos electorales, puede servirles para ir avanzando en la construcción de un México democrático